martes, 23 de agosto de 2016

Las carreteras de los cadáveres



Aún hoy en día se pueden encontrar en Gran Bretaña vestigios de unos caminos creados en la Edad Media para llevar los difuntos desde las aldeas más alejadas hasta los camposantos. Era un tiempo en el que el miedo a “aparecidos” y fantasmas era generalizado, así que no es de extrañar que estos caminos se convirtieran en una fuente inagotable de leyendas y supersticiones.


A finales de la Edad Media se produjo un aumento de población en Gran Bretaña y con él una ola de construcción de nuevas aldeas e iglesias dentro del territorio de las ya existentes. Con el tiempo estos nuevos asentamientos empezaron a exigir más autonomía, lo cual despertó la alarma entre las Minster (título honorífico que recibían en la Edad Media las catedrales y otras iglesias “importantes” del Reino Unido) ante la posible pérdida de poder y sobre todo de diezmos.

En estos asentamientos se construyeron pequeñas capillas que estaban autorizadas para hacer misas los domingos pero las Minster retuvieron el monopolio de los funerales, lo que significaba que muchos parroquianos que vivían en los núcleos alejados tenían que transportar sus difuntos largas distancias, algunas veces a través de terrenos difíciles. Se crearon así las carreteras o caminos de los cadáveres, féretros, ataúdes o de las procesiones.


Muy habitualmente estos caminos solían ser estrechos y empinados debido a la dificultad del terreno. Unas veces esta dificultad y otras el mal tiempo hacían que en muchos tramos los cuerpos tuvieran que ser llevados en andas por personas al ser imposible utilizar carros. En cualquier caso el carro era un lujo que no todas las familias se podían permitir, al igual que los ataúdes, razón por la cual la mayoría de difuntos se enterraban envueltos en sudarios o sábanas.

Uno de estos caminos es el que va de Rydal a Ambleside en el Lake District donde aún se puede ver una piedra para ataúdes, es decir una piedra donde se dejaba el ataúd mientras los parroquianos descansaban antes de continuar el camino.


La parada en estas piedras tenía también una parte ritual. En algunos casos si el difunto había sido una persona especialmente querida por la comunidad se grababan sus iniciales sobre la piedra y se solía aprovechar para tomar un trago en su honor y de paso entrar en calor. Las cruces de los caminos, los bancos de piedra situados antes de los puentes o algunos árboles señalados eran otros sitios que se utilizaban para estas paradas.

Otro de estos caminos es el de la iglesia de Saint Peter and Paul en Blockley (Gloucestershire), que retenía del derecho de entierro de los habitantes de las aldeas de Stretton-on-Fosse en Warwickshire, y Aston Magna, ambas aldeas sólo contaban con capillas. De esta manera, los diezmos y los derechos mortuorios (derechos percibidos por las ceremonias fúnebres) iban a la iglesia parroquial de Blockley, a cuya iglesia tenían que llevar sus difuntos para ser enterrados los habitantes de Stretton y Aston.


La carretera de los difuntos de Aston a la iglesia de Blockley es de unos 3km y cruza tres pequeños riachuelos. La que va de Stretton a Blockley es aún más larga, 6 km, y cruza otros dos riachuelos. En 1351 las gentes de Stretton solicitaron el derecho para enterrar a sus muertos en su iglesia, con lo que se evitaban pagar los derechos mortuorios en Blockley, pero el obispo de Worcester se lo denegó. No sería hasta la llegada de la Reforma cuando Stretton obtendría la licencia para oficiar sus propios funerales.

Como hemos dicho, estos caminos estaban, y están, rodeados de numerosas supersticiones y leyendas. Una de las más antiguas es la que afirma que cualquier terreno por el que se transportaba un difunto pasaba a ser de libre paso para todo el mundo. Esta creencia generaba disputas entre las familias de difuntos y propietarios de terrenos, cuando las familias se disponían a atravesar sus campos. Los propietarios temían que parte de su terreno se convirtiera en camino público. También había casos que se hacía con toda la intención, y de esta manera ganar un paso. Aunque ambos comportamientos eran casos aislados, pues la mayoría de propietarios no ponían objeción alguna.


Otra superstición advertía que era muy importante no abandonar el camino marcado, incluso aunque hubiera nieve o inundaciones, de no ser así la mala suerte caería sobre los que se habían apartado de la ruta y el difunto jamás podría descansar en paz. Era considerado de mala educación o causante de mala suerte obstruir la procesión funeraria. También se decía que era nefasto que un féretro cruzara dos veces un puente. En cualquier caso que un cadáver pasara por un puente o carretera de peaje, siempre podía suponer un problema a su propietario, ya que de convertirse en paso público jamás podría volver a cobrar.

También se creía que si un cuerpo era transportado a través de un campo arado, el campo jamás volvería a producir una buena cosecha. Incluso hoy en día algunos piensan que un difunto siempre debe ser sacado de su casa por la puerta principal y además con los pies por delante, de hecho es aconsejable evitar que durante el recorrido hacia la iglesia apunte con los pies en la dirección de su casa.


Estos rituales y supersticiones pretendían evitar a toda costa que el difunto volviera de la tumba convirtiéndose en un “aparecido”. En la Edad Media el miedo a los aparecidos era generalizado en toda Europa y especialmente en Gran Bretaña. Los aparecidos eran espíritus o almas en pena que se manifiestan entre los vivos, principalmente en los lugares que habían frecuentado en vida, con el único motivo de acosar a sus familiares y vecinos. Pasada la Edad Media se empezaría a creer que esta “vuelta” era debida a algún motivo en particular, como por ejemplo que el difunto hubiera dejado algún asunto o venganza pendiente en vida.

Habitualmente los “aparecidos” habían sido gente malvada, vanidosa, poco creyentes o incluso malhechores. Los aparecidos eran culpados de la propagación de enfermedades entre los vivos o incluso de chupar sangre. La solución para estos casos era desenterrar los cuerpos y decapitarlos.


En tiempos antiguos los cruces de caminos eran considerados lugares peligrosos, ocupados por espíritus guardianes al ser lugares de transición donde el mundo de los vivos y el inframundo se encontraban. Posteriormente en los cruces se erigieron cruces cristianas. Se creía que los cruces de caminos inmovilizaban los espíritus de los muertos, en especial los de suicidas, ahorcados pero también brujas o fugitivos. Si las rutas rectas facilitaban el viaje de los espíritus, los cruces, los laberintos de piedras o césped, o los puentes y corrientes de agua lo entorpecían. Cruzarlos por tanto significaba entorpecer la vuelta del difunto como aparecido.

En Irlanda, el “féar gortach” (hierba del hambre) se dice que crece en los lugares donde se dejo un cadáver sin ataúd en su camino al cementerio. A aquel que pisa esa hierba le posee un apetito insaciable. Uno de estos lugares está en Ballinamore y era conocido que la mujer que vivía en la casa cercana, previsora ella, siempre tenía su despensa repleta no fuera necesario alimentar a alguna víctima.


La existencia de las piedras para ataúdes, cruces o lych gates (puerta para cadáveres cubiertas que se encontraban a la entrada de los camposantos) en estos caminos, sugiere la idea que fueron situados y santificados para permitir que los féretros fueran colocados allí de manera temporal sin el riesgo que el suelo fuera mancillado. Se consideraba que las lych gates formaban parte de la iglesia y era en ellas donde el sacerdote salía a esperar el féretro. Después este se colocaba sobre unas andas o unas piedras bajo el cobijo del tejado de la puerta y el sacerdote oficiaba la primera parte del sepelio.

A parte de estas leyendas abundan las historias locales de casos particulares. En Devon una procesión que llevaba el cuerpo de un viejo malvado , decidió descansar al llegar a una de las piedras para ataúdes, dejando el cuerpo sobre ella. De repente un rayo cayó de los cielos el ataúd reduciendo su contenido a cenizas y partiendo en dos la piedra. Según la leyenda Dios no quería que un hombre como aquel fuera enterrado en un Su santo cementerio.


Como ya hemos dicho las procesiones portando un difunto podían ser largas y cansadas, así que es de entender que los potadores del féretro descansaran y tomaran un refrigerio de vez en cuando. Esto es lo que, según cuenta una leyenda local, hizo una de estas procesiones a su paso por Hamblenton Hills, dejando el cuerpo al lado de la carretera, pero la sorpresa fue mayúscula cuando a su vuelta comprobaron que el cuerpo había desaparecido, el lugar sería a partir de entonces conocido como el Lost Corpse End.

A medida que las nuevas iglesias fueron obteniendo la licencia para oficiar funerales y estos caminos fueron perdiendo su uso inicial y algunos empezaron a desaparecer, aunque en algunos lugares fueron usados hasta finales del siglo XIX. Los que sobreviven en la actualidad, lo hacen como caminos rurales pero su propósito original se ha olvidado. Esto ocurre especialmente si las cruces y piedras para ataúdes ya han desparecido. Los campos que eran cruzados por estos caminos a menudo son llamados aún con nombres como “Church-way” o “Kirk-way field”, y hoy en día es a veces posible trazar la línea que seguían estos caminos por la secuencia de los nombres antiguos de los campos, las leyendas locales o las cruces marcadas en viejos mapas.

lunes, 22 de agosto de 2016

Cráneo de Sealand




El polémico Cráneo de Sealand todavía plantea muchos interrogantes. ¿Será de origen extraterrestre?


Uno esperaría que los científicos salten en la ocasión para examinar a fondo uno de los cráneos más extraños descubiertos en los últimos años, pero parece que muy pocos estudiosos están interesados en el llamado cráneo Sealand.

Este cráneo muy extraño y polémico se encontró en julio de 2007 en Olstykke, Dinamarca, por trabajadores que estaban reemplazando las tuberías de alcantarillado en una casa.

Desde hace algunos años, nadie parecía estar interesado en este hallazgo. Fue en el 2010 que el cráneo a sido por primera vez examinado en la Escuela Superior de Veterinaria en Dinamarca. Los investigadores concluyeron que no eran capaces de resolver el misterio de la calavera de Sealand.

"A pesar de que se asemeja a un mamífero, ciertas características hacen que sea imposible encajar al animal en la Taxonomía de Linneo", dijeron los científicos que investigaron el cráneo.

Al principio se asumió que el cráneo pertenecía a un caballo, pero un examen posterior reveló que no era el caso.

El cráneo de Sealand posteriormente fue enviado al Instituto Niels Bohr en Copenhague. El carbono 14 revelo que este misterioso individuo vivió entre 1200 y 1280 a.C.

Excavaciones posteriores en el lugar mostraron que no hubo más restos que tuvieran conexión a la criatura, sólo huesos de animales identificables, hachas de piedra y otras herramientas neolíticas que son comunes a la zona.


El cráneo de Sealand comparado con un cráneo humano normal. Las cuencas de los ojos del cráneo de Sealand no sólo son bastante grandes, sino también mucho más profundo y redondeado. Ellos también se extienden a los lados, mientras que en un cráneo humano los ojos están más centradas. El agujero de la nariz es muy pequeña. El mentón es estrecho.

El cráneo es uno y medio más grande que el tamaño de un cráneo de Homo sapiens masculino. Las cuencas de los ojos son muy grandes y tiene una superficie muy lisa que parece apuntar a que estaba adaptado a un clima frío. El tamaño relativo del ojo sugiere que era una criatura nocturna, algo que vivía bajo tierra, o en un planeta orbitando una estrella remota o tenue.

Según Anton Spangenberg, que escribió un artículo sobre este interesante descubrimiento, es posible que el cráneo fue deliberadamente ocultado.

"Es interesante notar que los residentes en Olstykke y pueblos cercanos desde tiempos antiguos han hablado de un miembro local del l'Ordre Lux Pégasos (la Orden de la Luz de Pegasus), quien por consiguiente en representación de la orden protegía diversos elementos - entre ellos un misterioso cráneo y varios dispositivos hechos de metal o cerámica extraordinariamente livianos, incluso irrompible.

El cráneo se dice que se originó desde los Balcanes, pero también se ha conservado en París, Francia, y en Munich, Alemania, antes de llegar a Dinamarca", dice Spangenberg.


Como se puede ver en las imágenes, la calavera de Sealand es realmente inusual. Aunque el cráneo es similar a un cráneo humano, todavía hay varias diferencias.

Por lo tanto, ¿es el cráneo de origen extraterrestre o pertenece a una especie humana desconocida que caminó sobre la Tierra no hace tanto tiempo?

Todavía no hemos identificado a todos los humanoides que vivieron en este planeta. No hace mucho tiempo, una misteriosa nueva especie humana han sido descubierto por los arqueólogos.

¿Es posible que el cráneo sea una falsificación? Muchos dirían que parece irreal. Si la Calavera de Sealand es una falsificación, ¿por qué los científicos del Instituto Niels Bohr no pudieron determinar este simple hecho?


La ausencia de otras partes del esqueleto de la criatura, junto con el estado de conservación del cráneo, ha llevado a los científicos a sospechar que no ha sido enterrado por mucho tiempo, probablemente sólo un par de décadas.

Incluso más interesante es el hecho de que el cráneo se encontró por encima de las tuberías viejas. Esto indica claramente que alguien lo enterró hace apenas un par de décadas.

El polémico cráneo de Sealand aún plantea una serie de preguntas. ¿Por qué ya no hay científicos interesados en examinar este cráneo desconcertante?

Sin un examen científico adecuado, es imposible determinar el verdadero origen de este enigmático cráneo. Sólo la ciencia puede etiquetarlo como genuina o una falsificación.

Por lo tanto, el cráneo Sealand sigue siendo un misterio sin resolver hasta este día.



domingo, 21 de agosto de 2016

La leyenda de los Huipas



Una leyenda muy poco conocida sobre un grupo de indigenas que causo terror a mediadios de los años cincuenta el Huatabampo una ciudad de Mexico.

Marcó a Huatabampo la historia de cuatro sujetos que en 1949 castraban y asesinaban a sus enemigos. Mezcla de crueldad excesiva, realidad insólita y el mundo místico de los indígenas mayos, la historia de los Huipas se ha convertido entre los huatabampenses en toda una leyenda. La hazaña de cuatro sujetos que a finales de los años cuarenta se dedicaron aquí a asesinar y castrar a sus víctimas trasciende más allá de la geografía regional. La simple frase “cuidado con los Huipas” marca una época de terror, de zozobra, dado lo inexplicable del origen de los crímenes descubiertos. Sea por morbo o curiosidad, en Huatabampo la gente sigue hablando con interés agudo del intrigante caso a casi cincuenta años de ocurrido. Al margen de la tragedia que enlutó a muchas familias, esta historia suscitada en el poblado Bacapaco constituye muestra de una de tantas crónicas locales.


Lo que fue meramente un hecho criminal concluido con la detención por parte de la Policía de los autores materiales e intelectuales, trastocó por un tiempo la vida de todo un municipio. A algunos huatabampenses dejó verguenza, desengaño e incredulidad, mientras que a otros el repudio a la cultura de la violencia que segó vidas inocentes. Pese a los años transcurridos, en la comunidad indígena de Bacapaco nadie quiere hablar del tema… la mayoría de quienes lo vivieron rehuyen preguntas.

Familiares lejanos de la célebre banda de delincuentes niegan hasta sus nombres, con un simple “no sé” encubren el pasado indeseable, la afrenta. “¿Es usted Pánfila Huipas?”, y el cuestionamiento a la diminuta anciana queda en el aire, sólo da la espalda y con una escoba de varas responde “no la conozco”, pero ella es.

Bacapaco, ubicado a cinco kilómetros al sureste de Huatabampo, simboliza a los tradicionales pueblos mayos, con pequeñas casas de adobe, cercos de madera y en el patio una hornilla. Los huertos de mango, naranja, limón y toronjas rodean la comunidad, además de canales de riego y sembradíos donde los jornaleros dejan a diario su vida.

La marginación social no ha disminuido mucho desde la época de los cuarenta cuando quedó al descubierto el mundo oculto de cuatro “yoremes” o indios. De la vivienda en la que el cuarteto indígena celebró sus rituales y crímenes nada queda, sólo un baldío enmontado a donde muchos prefieren ni voltear…


Yoremes extraños. Los protagonistas de la historia que conmocionó el Sur de la entidad fueron Adelaido Huipas Quijano, Eusebio Yocupicio Soto, Leonardo Yocupicio Huipas y Basilio Humo Valenzuela.Todos ellos indígenas puros, definidos por quienes los conocieron como los clásicos yoremes, desconfiados, serios y recelosos hacia los hombres blancos o “yoris”.

Alguien que conoció a por lo menos dos de ellos es Héctor Galaviz Rubio, conocido comerciante del poblado Etchoropo e hijo del agricultor dueño de los sembradíos donde trabajaron estas personas. Galaviz Rubio narró que los asesinatos cometidos por los cuatro indígenas sucedieron en el transcurso de 1949. Ninguno de ellos era casado por lo que corrían rumores de que tenían tendencias homosexuales, indicó cosa que jamás pudo comprobarse.

“Acostumbraban a reunirse en la casa de Eusebio (Chevo), ahí acordaban quién era el próximo al que matarían en venganza por haberlos ofendido o porque les cayera mal”. Se llegó a decir que practicaban la magia negra en una especie de secta, comentó, cuando los atraparon encontraron en la vivienda libros de hechichería. De pronto, de los bailes o poblados cercanos a Bacapaco comenzaron a desaparecer personas, hombres y mujeres, luego encontrados mutilados. “Les cortaban los órganos sexuales, los disecaban y guardaban en una canasta, hacían con ello una especie de bolsas que colgaban en el interior de la vivienda a donde nadie más que ellos entraban”, detalló.

Ni siquiera a los indígenas respetaron por ser de su raza, señaló, pues los dos últimos fueron dos hombres mayos, Lorenzo Bamapa y “Marcos”. Galaviz Rubio dijo que conocía bien a Lorenzo y Marcos, el primero era mayordomo de los campos de su padre y el otro amigo de juegos. La sospecha surgió porque en Bacapaco comenzaron a desaparecer personas en un tramo de 600 metros, entre la casa de Eusebio y campos agrícolas. Curiosamente cualquiera de los cuatro simpre platicaban que un día antes habían visto a los extraviados en el Centro o terminal de Huatabampo, según se iban al “enganche” o pizcas en Caborca o Sinaloa.


Lo cierto es que cuando la Policía “acorraló”, a los indígenas, éstos con sangre fría aceptaron que tenían enterrados a cuando menos siete personas. En la casa de los rituales encontraron siete cadáveres, mutilados y sepultados en las esquinas de la casa, amplió, el último que fue Lorenzo estaba a la salida, otro cerca de un canal. “Con sangre fría Chevo dijo que había sacado el cadáver de Lorenzo porque no lo dejaba dormir su espíritu, nunca se supo porqué los mataban”. “Una de las cosas que más llamó la atención de las autoridades fueron los cortes de piel tan precisos, como cirujanos, que hacían a sus víctimas, a pesar de que eran analfabetas”.

Ejecutaron la aprehensión el comisario de Policía Lico Mátuz y el teniente coronel del Ejército Mexicano, Carlos Martínez Brunet, precisó. A partir de ahí se desató una sicosis entre los huatabampeses, por el temor de que más miembros de este grupo criminal estuvieran sueltos. “Apenas oscurecía y la gente se encerraba en sus casas, empezaron a aparecer otros cadáveres y la vergüenza fue tanta para los familiares de los detenidos que algunos se mudaron a otras ciudades”, abundó.

Ante el miedo al rechazo hubo quien incluso se quitó el apellido Huipas. Eusebio, Leonardo, Basilio y Adelaido fueron trasladados a la cárcel de Hermosillo con sentencia de treinta años, sólo dos regresaron a Huatabampo y el resto murió en el olvido. Galaviz Rubio recordó que la expectación fue tal que hasta reporteros de Guadalajara, la ciudad de México, Francia y Alemania estuvieron en Bacapaco.

“Esta historia ha sido un ‘parteaguas’ en la vida tranquila de Huatabampo”, apuntó “además de la vergüenza para muchos, el caso de los Huipas es un pasado del que Bacapaco tiene que arrepentirse”.


Sin pasado. En Huatabampo es posible encontrar personas con apellido Huipas en comunidades como Bacapaco, el Riíto Muerto Mazaray y Etchoropo, todas zonas indígenas. En Bacapaco, para Ignacia Huipas Valenzuela su apellido no significa nada fuera de lo común, pues asegura que no conoce detalles de la más polémica historia del pueblo. Con frases parcas en español, Ignacia comentó que hasta donde sabe todos los familiares directos de Eusebio Yocupicio Huipas y Eladio Huipas ya murieron.

“Yo no sé bien cómo está eso”, replicó, “todavía no nacía cuando sucedió la matazón, apenas tengo cuarenta años, mi ‘apá’ nomás los conocía”. Cuando era niña escuchaba fraces aisladas en pláticas de los mayores, agregó, pero en realidad nada concreto, tampoco insultos por su apellido. “Ahí a la entrada del pueblo vive doña Pánfila, ésa sí los conoció bien y se dicen que son parientes, yo no le puedo decir nada más”, expresó cortante.

En el Riíto Mazaray, Francisco Verdugo Ochoa, quien ha vivido ahí por más de cincuenta años, reveló que la historia de los cuatro indígenas homicidas nunca ha sido olvidada. “Sí era un azoramiento de la gente cuando supimos todo eso, no los creíamos capaces dos de ellos eran de los fiesteros tradicionales de la tribú”, manifestó.

Lo que pasó en Bacapaco tuvo mucho que ver con la ignoracia de los indígenas, las ideas “raras” de magia negra, consideró aparte de las tendencias afeminadas de los homicidas. “Los parientes de esos hombres (homicidas) nunca van a dar cuenta de la historia, sienten vergüenza, es como si no lo hubieran existido en el pueblo”, puntualizó.

Recopila la historia. Movido por la inquietud de recopilar en un libro de anécdota de los Huipas, el huatabampense José Luis Laguna Duarte, licenciado en Economía, investiga el tema desde 1993. Laguna Duarte, nativo de Huatabampo, justificó su trabajo en la trascendencia noticiosa que en su época representó lo ocurrido en Bacapaco. El valor o riqueza histórica como una crónica regional es indiscutible, afirmó, lejos del morbo que puede despertar en la actualidad. “En realidad creo que no hay otro caso similar al de los Huipas en Sonora, nunca he sabido o leído algo parecido, fue algo tan real”, aseveró.


Entre los motivos más importantes está rescatar el mundo mitológico y místico de los mayos, dijo, pues evidentemente en lo de los Huipas tuvo fuerte influencia. Subrayó que los mayos constituyen una de las etnias más apegadas a sus creencias, con o sin alteraciones siguen fieles a muchos pensamientos de sus antepasados.

En el caso de los cuatro indígenas asesinos también pudo entrelazarse una degeneración de tipo sexual, consideró, mezclado con la ignorancia, marginación y escasa educación formal. “No es posible determinar con exactitud la influencia que tuvieron los Huipas, dónde obtuvieron los libros de hechicería en un pueblo tan apartado y atrasado como Bacapaco”.

La versión popular de quienes vivieron directa o indirectamente esa tragedia coincide en que los cuatro indígenas aparentaban normalidad, detalló, trabajadores, amables, serviciales, alegres y religiosos. “Corren todavía muchos rumores, hay quienes dicen que los cuatro yoremes hacían sus rituales bebían sangre, pues su idea era convertirse en vampiros”, amplió.

Incluso entre los indígenas más viejos existen una creencia añeja radical de que castrando a los hombres “yoris” o blanco se terminaría el dominio étnico. “Independientemente de todas las verdades o mentiras en torno a este hecho, lo cierto es que fue una realidad que no se puede soslayar, el interés por lo extraño siempre prevalecerá más cuando no se tiene respuesta a tantas preguntas”, reflexionó.



sábado, 20 de agosto de 2016

Los Goblins de Hopkinsville



El año de 1955 fue particularmente extraño durante el mes de agosto para los residentes de una pequeña granja en las inmediaciones de las ciudades de Kelly y Hopkinsville, ambas situadas en el condado de Christian, Kentucky. Algunos locales aseguraron haber sido testigos de algo extraño, totalmente fuera de lo común e inexplicable. Estos acontecimientos resultaron tan traumáticos para los miembros de la familia Sutton, que su vida jamás volvió a ser igual.

Todo comenzó la noche del 21 de agosto. Desde las primeras horas después que el Sol se ocultó, pudo escucharse un sonido insistente parecido a una canción entonada en un idioma desconocido, podía escucharse con claridad que provenía del bosque que rodeaba a la propiedad. El sonido se extendió durante toda la madrugada y parte de la mañana siguiente, provocando que los habitantes de la granja empezaran a preocuparse. Durante el punto más álgido de aquella madrugada, también habían visto luces extrañas de color verde que brillaban por entre los árboles iluminando el cielo nocturno en la distancia.


Los Sutton habían mantenido en su posesión aquellas tierras desde hacía dos generaciones y jamás se habían enfrentado a tal cosa. En la misma casa vivían los patriarcas Henry y Beatrice Sutton, el hijo mayor Jerold (J.C.) y su esposa Abeline, sus hijos Agatha y Barry de 6 y 9 años respectivamente, además de su hermano Elmer. Un amigo de la familia, de nombre Billy Ray, pasaba algunos días con los Sutton en esa época. 


Todos se reunieron en el pórtico de la casa intentando comprender lo que estaba sucediendo. Las opiniones sobre lo que significaba aquel misterioso sonido eran variadas. Según Beatrice se trataba de algún animal, quizá jabalíes americanos. Sin embargo, J.C estaba convencido de que se trataba de alguna especie de canción. Notaron que los perros de la granja ladraban cuando el sonido se hacía más intenso y que los otros animales, caballos y vacas, se comportaban de forma inusual.


Después de toda una noche en vela, Elmer y Billy Ray decidieron llegar al fondo del problema. Tomaron sus escopetas y se adentraron en el bosque. Siguieron una brecha bosque adentro durante al menos media hora. El sonido había cesado en el instante que pusieron un pie en el bosque y un aterrador manto de silencio parecía haber cubierto aquel lugar. Relataron que todo estaba muy tranquilo, que ni siquiera se podía escuchar a los pájaros comunes de la zona. 


Cerca de un gran árbol, el par encontró un montículo de tierra removida de aproximadamente medio metro de altura. En la cima de este montículo descubrieron alas de pájaros, huesos de animales pequeños, hojas, rocas de colores y otros objetos curiosos. Según las palabras de Elmer Sutton, aquella estructura evocaba un pequeño altar primitivo, como los que los nativos hacían siglos antes. Pero los indios se habían ido de aquella región desde hacía bastante tiempo.


Inquietos por el descubrimiento, ambos decidieron regresar a la granja. Cuando volvían por la brecha que habían seguido, escucharon un silbido alto y el sonido de algo aproximándose por entre los arbustos. Los dos se detuvieron de inmediato y apuntaron las escopetas en dirección al sonido, aguardando durante unos segundos muy tensos. De repente, una silueta humanoide, de corta estatura y fisionomía grotesca, emergió de entre los arbustos de forma sigilosa. Aquella criatura pálida de enormes ojos y orejas aún más grandes se agachó a casi diez metros de los hombres y soltó un rugido largo y fuerte como si se tratara de un perro salvaje. Los hombres pudieron ver cuando sus labios se retrajeron para mostrar los dientes. Después se abalanzó sobre ellos corriendo en cuatro patas. Las escopetas estallaron y la criatura voló por el aire. Ambos decidieron alejarse a toda prisa sin mirar atrás, pues en seguida tuvieron la aterradora sensación de estar siendo observados.


Al salir del bosque y llegar al claro donde se situaba la granja, encontraron preocupado al resto de la familia. Habían escuchado los disparos de las escopetas. Además, les dijeron que se habían ausentado durante demasiado tiempo, lo que el par rechazó afirmando que solo había sido alrededor de una hora. Henry les dijo que se habían ido desde hacía tres horas y que en ese lapso, los extraños ruidos provenientes del bosque no habían hecho más que intensificarse dejando a todos en estado de pánico. Confundida, la familia se reunió en la casa y los hombres contaron lo que habían visto. Tenían planeado cargar una carreta con sus pertenencias e irse a Hopkinsville, pero mientras hacían los preparativos el canto extraño se hizo más estruendoso, adquiriendo un tono de urgencia. Aquella música gutural parecía más salvaje y próxima.


Los hombres tomaron las viejas escopetas de la granja, algunas provenientes del periodo de la Guerra Civil. Se repartieron las municiones y se mantuvieron alerta. Los caballos estaban bastante nerviosos y dudaron ser capaces siquiera de poner el arnés a los animales. La noche empezó a caer lanzando sombras sobre el bosque. Cuando todo quedó oscuro el mismo brillo ondulante reapareció, iluminando el cielo con un fulgor siniestro.


Resolvieron atrancar las puertas con los muebles para impedir la entrada de lo que sea que estuviera allá afuera. Esa noche estaba clara, la luna llena brillaba con todo su esplendor sobre la granja. Los hombres vigilaban aprensivos incluso mientras se preparaba una cena a las prisas.


Con la llegada de la madrugada, el ruido cesó de forma repentina y poco después las personas al interior de la casa en la granja notaron movimiento en los alrededores. Eran figuras de baja estatura en cuclillas, parecidas a aquella que había sido tiroteada en el bosque, corrían por todo el frente de la casa gritando y gruñendo. Las piedras volaron sobre las ventanas alcanzando las persianas y las paredes de madera. Los perros al interior de la casa ladraban como locos, los niños lloraban y las mujeres gritaban aterrorizadas. En la puerta principal, fuertemente atrancada y bloqueada con una pesada cómoda de madera, podían escucharse los golpes de incontables manos. Por entre las rendijas de las ventanas surgieron las sombras de los invasores, criaturas feroces del tamaño de niños: desnudas y pálidas, con facciones embrutecidas y ojos que brillaban en la oscuridad.


Poco después escucharon un relinchido aterrador que provino del establo. Las criaturas habían llegado hasta los animales de la granja. El barullo que siguió fue angustiante, era el sonido de gruñidos mezclados con el tropel de los caballos, mugidos nerviosos y llenos de terror que se extendieron durante varios minutos. Elmer quería abrir la puerta y hacer frente a los invasores, pero Henry jamás se atrevería a poner en juego la vida de los niños y las mujeres. La puerta principal fue golpeada nuevamente, pero la gruesa madera soportó el castigo. Sin embargo, lo mismo no podía decirse de las ventanas que empezaban a ceder ante la ferocidad de las criaturas que amenazaban con entrar. Percibiendo peligro inminente, los hombres apuntaron las escopetas y dispararon por entre las rendijas, más para asustar a los seres que para alcanzar un objetivo. Los gritos irrumpieron en el patio frontal, era un sonido de terror y pánico salvaje, seguido de los sonidos de pasos que emprendían una retirada. Aquel tumulto se había dispersado, la familia tuvo tiempo suficiente como para clavar tablas sobre las puertas y ventanas, además de reforzar sus barricadas con los muebles más pesados que tenían.


En torno a las tres de la mañana, una segunda ola de criaturas envistió la casa, esta vez se concentraron en la puerta trasera que había sido asegurada con tablas. La puerta resistió aquellos ataques furiosos de puños y patadas. Fue entonces que escucharon pasos en el tejado y supieron inmediatamente que las criaturas habían llegado arriba. Las tejas caían por todas partes y la embestida superior terminó cuando los familiares dispararon al aire. Los gruñidos se multiplicaron y la puerta trasera parecía a punto de vencerse. Billy Ray y Jerold apuntaron sus armas en esa dirección, en el preciso instante que la puerta se soltó de las paredes. Las armas estallaron e inmediatamente algunos seres fueron alcanzados, pero otros tantos los relevaron, extendiendo sus manos dotadas de garras al interior de la casa. Dispararon en repetidas ocasiones hasta que finalmente los seres desistieron. El comedor fue volteado y colocado frente a la puerta para resguardar la entrada.


El segundo ataque se extendió al menos durante dos horas, con las criaturas gruñendo enfurecidas, lanzando piedras contra la fachada y golpeando las paredes. Finalmente, cuando empezó a amanecer, se rindieron y regresaron al bosque.


Alrededor de las siete de la mañana, los hombres notaron que había movimiento otra vez en la puerta principal, pero en esta ocasión eran vecinos que vivían a algunas millas de distancia. Los Sutton abrieron la puerta para saludar a unos vecinos impactados por lo que veían sus ojos. La granja parecía un campo de guerra, todo estaba fuera de lugar, destruido o arruinado. No había quedado ninguna señal de las criaturas responsables por tal devastación, se habían ido llevándose a sus heridos y muertos. El establo, gallinero y granero estaban destruidos, los animales que allí vivían fueron brutalmente masacrados a golpes y pedradas. Una serie de extraños símbolos fue pinta en la pared del granero con la sangre de los animales abatidos.


Los vecinos, Paul Taylor y su hijo Carlton, dijeron que habían escuchado los disparos en la madrugada, pero no pudieron acudir antes por temor a dejar al resto de su familia desprotegida. Tomando en cuenta la cantidad de criaturas y la forma tan violenta en que atacaron, los Taylor no pudieron tomar una mejor decisión. Carlton, acompañado de Elmer, se dirigió hasta Hopkinsville para buscar ayuda y en menos de una hora más de una docena de habitantes preocupados hacían acto de presencia en el lugar para dar fe de la situación. Nadie dudó de la historia de Henry Sutton, el hombre no ganaba nada con inventarse aquello y los Sutton siempre habían sido gente de bien, incapaces de inventar aquella historia solo para llamar la atención. Además, el estado de las mujeres y de los niños dejaba en claro que algo realmente malo había sucedido.


El delegado del condado de Christian, Russel Greenwell, y una veintena de oficiales acudieron a la granja. Los policías sacaron fotos, rastrearon el área e interrogaron a las personas. A inicios de la tarde, el grupo ingresó al bosque buscando indicios de la misteriosa presencia sobrenatural. No encontraron nada, ni una sola huella o rastro.


Los periódicos locales dieron una amplia cobertura al caso y los Sutton se convirtieron en una especie de celebridad. Las criaturas fueron llamadas los “Goblins de Hopkinsville” en un reportaje que hizo el Kentuck New Era y el nombre se quedó de forma definitiva. En los días siguientes, los habitantes de Hopkinsville informaron que hombres del gobierno habían estado en la región, haciendo preguntas y recolectando información. Algunos venían de la Base Aérea del Fuerte Campbell. Incluso hay rumores de que miembros del sigiloso Proyecto Blue Book también estuvieron indagando.


Tras el incidente, los Sutton decidieron no hablar más de lo que había pasado aquella noche. La granja se convirtió en una especie de atracción turística durante algunos meses, congregando a un gran número de curiosos. Incómodos por la invasión a su privacidad, la familia dejó el condado de Christian y se refugió en casa de familiares. Solo Billy Ray siguió viviendo en la región, afirmando de forma categórica que los hechos sucedieron según el relato. Un año después la granja fue vendida y los Sutton se mudaron al oeste.


Especialistas en fenómenos paranormales formaron, a lo largo del tiempo, varias hipótesis sobre el incidente y sobre la naturaleza real de los “Goblins”. Una de las hipótesis más interesantes (y controversiales) pone a los Goblins como visitantes inter-dimensionales, criaturas provenientes de otra realidad. Habrían “invadido” nuestro mundo cruzando algún portal que conectó ambas dimensiones durante cierto periodo de tiempo. Incapaces de vivir en este mundo, simplemente se habrían marchado.



viernes, 19 de agosto de 2016

El hombre sin Piel



Hace algunos años una familia de clase media queria salir de paseo a un lugar que los apartara de la ciudad, el padre (Jose) vio en el periodico un anuncio de una casa en el campo, que cumplia con todo lo necesario, Jose le dijo a la mama (Mariana) que fueran por un tiempo, ademas era muy economica aquella casa, entonces Mariana se decidio y le aviso a los hijos: Carla, Karen y daniel, que partirian al siguiente dia, a Carla la mayor no le gustaba la idea, pero igul fue, enojada por dejar a sus amigos para irse a una casa de campo, donde no hay centros comerciales.


Al dia siguiente como lo dijo Mariana partieron en busca de la casa, toda la gente de aquel pueblo los miraba con caras extrañas, y murmuraban cosas, Daniel al ver que habian niños de su edad se alegro, al llegar a la casa Jose se deciluciono un poco, la casa no tenia reja, al contrario de las demas, la casa estaba ordenada y muy oscura pero era cosa de abrir las ventanas de madera, los muebles eran todos oscuros y viejos, pero de todas maneras era una casa linda, pero poco habitada, la gente que la arriendaba se marchaba al proximo dia.


Dias depues los niños mas pequeños ( Karen y Daniel) se hicieron amigos, mientras que Carla e quedaba en casa aburrida. Jose llego un viernes en la tarde con la sorpresa que reservo una mesa para dos personas en un pueblo de unos kilometros mas alla, Mariana feliz pidio que Karen y Daniel se fueran a quedar por la noche a la casa de una vecina de el otro pasaje, y que Carla se quedara sola para que no pelearan, Jose y Marina se fueron, y Carla quedo sola. Ella se puso a escuchar musica cuando derrepente se corta la radio, pero Carla no le dio importancia, penso que era porque se fue la señal, pero no era asi.


Tocaron la puerta y Carla fue abrio y no era nadie, no alcanzo a sentarse y tocarn la puerta y ocurrio lo mismo unas 3 veces y Carla penso que eran sus hermanos, pero se empesaron a sentir ruidos extraños y le empezo a dar miedo a Carla, las luces empezaron a parpadear y no habian velas, se corto la luz y ya que la casa era oscura salio corriendo y en la puerta parado un hombre de espalda, vestido de negro con un sombrero se da vuelta y Carla lo mira y no tenia piel, miro el suelo y estaba repleto de sangre, lo mira a los ojos y se queda paralisada los ojos de aquel hombre eran oscuros, con amarillo y rojo, el hombre se fue y la luz volvio, la niña entro a la casa y empezo a pasarle algo extraño, su cuerpo era incontrolable y sus acciones terrorificas,luego empezo a acurrucarse en medio del living. Los papas llegaron y la vieron tirada y pensaron que le habian echo algo, y estaba tratndo de cortarse las venas con un cortacarton, la llevaron a la posta mas sercana y la derivaron a una clinica psiquiatrica donde la internaron.


Los dias pasaban y la niña tenia algo muy extraño que iba avanzando: vomito verde, ojos blanco y otras cosas, un dia los hermnos fueron a verla y trato de matarlos.


Pasaron los dias, y un dia martes 13 llamaron a la casa de la familia en la ciudad, la secretaria de la clinica psiquiatrica y le informo que por orden del ministerio de salud y con autorizacion de un cura, la niña fue inyectada con veneno para que falleciera por el bien de los funcionarios y de la gente ya quehabia matado a 4 enfermeras y a dos doctores y a 3 psicologos, la mama se desmayo y todos sufrieron mucho. 


Dias despues fue su funeral la enterraron y la familia comenzo un nuevo camino. Y desde el dia del entierro se ve un hombre parado en su tumba y cuando se va en su busca no esta, y tambien a todos los que habitan esa casa mueren dolorosamente