miércoles, 22 de marzo de 2017

Enterrados vivos.



George Washington, el primer Presidente de los Estados Unidos, murió el 14 de diciembre de 1799. Fue enterrado cuatro días más tarde en su casa de la plantación en Virginia, Mount Vernon. Si bien hay quienes (si estuvieran vivos para reclamar) se opondrían ante tal retraso, a Washington probablemente no le importaba. Sí, el retraso era en su mayoría para que el antepasado americano recientemente fallecido pudiera ser correctamente atendido. Sin embargo, según la leyenda, la petición de Washington en su lecho de muerte fue que lo enterraran no antes de dos días después de que fuera declarado muerto. ¿Por qué? Porque al parecer, George Washington temía ser enterrado vivo.


Estos temores, por desgracia, no carecían de fundamento. En el siglo XIII, de un filósofo / teólogo muy respetado, Juan Duns Scoto, se rumoreaba que había sido enterrado vivo, según cuenta la historia, su cuerpo fue encontrado al lado de su ataúd, los brazos y las manos ensangrentadas en un intento de abrirse camino hacia el exterior. (La historia es probablemente un mito.) Un libro sobre el tema (titulado “Buried Alive“) cuenta la historia de un carnicero londinense llamado Lawrence Cawthorn, quien, en la década de 1660, cayó enfermo y fue “enterrado precipitadamente” por su “malvado patrón.” 


Cuando los dolientes visitaron su tumba, escucharon un grito ahogado que provenía del ataúd y […] encontraron arañazos frenéticos en las paredes del ataúd. Para cuando Cawthorn fue desenterrado, estaba muerto. Y de acuerdo con otro libro sobre el tema (“The Corpse: A History“) en 1905, el empresario británico William Tebb, cargaba sobre sus hombros más de 300 casos de entierros de personas vivas y “casi” accidentes.


Para combatir estos temores, a los fabricantes de ataúdes se le ocurrió una solución: “ataúdes seguros.” Populares a finales de 1700 y en el siglo siguiente, el ataúd de seguridad solía tener una especie de vía para que las personas enterradas vivas por equivocación le notificaran a los que estaban arriba sobre el error. 


Un ejemplo típico era un tubo largo y un cordón que se extendía hacia arriba desde el ataúd. En la parte superior había una campana, de modo que una persona erróneamente enterrada podía jalar la cuerda y sonar la campana, e idealmente, otros llegarían con palas para salvarlo de un horrible fin.


Otros métodos incluían la pirotecnia, banderas, e incluso trampillas de evacuación. Uno de los primeros incluía una trampilla con una cerradura en el interior del ataúd, el cuerpo debía ser enterrado con un abrigo con la llave colocada dentro de un bolsillo interior. En realidad, hay una gran cantidad de innovación en todo el problema, y un número igualmente grande de las patentes.


¿Fueron exitosos estos ataúdes de seguridad? Probablemente no, no hay ejemplos conocidos de que un ataúd de seguridad haya rescatado a una persona enterrada viva. Hay, sin embargo, algunos ejemplos de falsos positivos. Si, cuando el cuerpo enterrado estaba sosteniendo la cuerda, la descomposición natural podría ocasionar que el cable se tensara y, por lo tanto, que sonara la campana. 


Para evitar “pequeños” movimientos y estas falsas alarmas, en 1897, un inventor ruso creó un sistema que detectaba los movimientos más significativos y señalaba que había alguien enterrado con vida. ¿El único problema? Durante una prueba “enterraron” con vida a uno de sus asistentes, el sistema de detección de movimiento fracasó. El asistente salió ileso, pero el ataúd de seguridad no logró encontrar a muchos compradores.


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lunes, 20 de marzo de 2017

El incendio de Peshtigo



El 8 de octubre de 1871, la pequeña ciudad de Peshtigo, ubicada en Wisconsin, EE.UU. fue consumida por uno de los incendios más graves y deplorables de los que se tengan registros en la historia humana.


Luego de un año cálido y seco, con apenas dos pulgadas de lluvia que se precipitaron entre julio y septiembre, los fieles estaban rezando por la tan necesaria lluvia. Los arroyos se habían secado, y el río Peshtigo, que muchos residentes utilizaban para el transporte y el agua, estaba peligrosamente bajo.

En medio de la noche de un domingo silencioso, el diminuto poblado fue aniquilado por completo, carbonizado por un incendio gigantesco que afectó a las construcciones, el paisaje, e incluso los propios ciudadanos. Hasta la actualidad las llamas poco conocidas de aquel incendio en Peshtigo tiene la distinción de ser el más mortífero fuego que se haya producido en los EE.UU..


Más de 2,000 personas se encontraban en la ciudad la madrugada del incendio. La población estaba abarrotada por los equipos de voluntarios, reclutados para luchar contra los incendios esporádicos que se fueron esparciendo por los alrededores. El humo de estos incendios flotaba en el aire, dificultando la respiración. Poco después de las 8:30 pm, un rugido sordo causo alarma en toda la ciudad. Las llamas de los incendios forestales dispersos habían azotado en un infierno ardiente debido a los fuertes vientos, colocando un incendio en un camino directo hacia Peshtigo. Los bomberos y los residentes se apresuraron a batallar con cubos de agua, pero rápidamente se dieron cuenta de la gravedad de la situación. Hicieron sus cubos a un lado, se dirigieron a casa para recoger a sus familias, y huyeron hacia la seguridad relativa del río Peshtigo.


Luego una oleada de llamas de de dos mil grados Fahrenheit alcanzó la pequeña comunidad. El calor extremo agitó el ambiente en una oleada de tornados sobrecalentados y vientos con fuerza de huracán. Se precipitó una lluvia de brasas, mientras la arena incandescente salpicaba los escombros de la ciudad. Los tejados fueron arrancados de las casas, y las chimeneas derrumbadas.


A medida que el fuego se acercaba a los ciudadanos desesperados, hicieron todo lo que pudieron en un intento desesperado por escapar. Muchos saltaron hacia los pozos, esperando que el agua pudiera ofrecerles protección, sólo para darse cuenta de que serian hervidos vivos. Como la gente necesitaba inhalar el aire sobrecalentado, cayeron muertos, sus pulmones se calcinaron. Hombres, mujeres y niños corrieron hacia el puente que cruzaba el río Peshtigo, pero este no había escapado a la carnicería del incendio indiscriminado. A medida que la gente del pueblo cruzaba, el puente sucumbió a los abusos de las llamas y se desplomó en un cúmulo mortal. Muchos se habían precipitado en el río mismo, esperando que el agua pudiera protegerlos de la amenaza del infierno, pero el fuego bombardeó a la gente con los restos en llamas. De pronto el río estaba cubierto con cuerpos sin vida.


El Peshtigo Eagle, un periódico local, informó sobre el incendio:

“El frenesí de la desesperación se apoderó de todos los corazones, hombres fuertes se inclinaron como cañas antes de la explosión de fuego, las mujeres y los niños, como fantasmas que revolotean asustados en la horrible oscuridad, fueron arrastrados como hojas de otoño. Multitudes corrieron para el puente, pero el puente, al igual que todo lo demás, estaba recibiendo su bautismo de fuego. Cientos se congregaron en el río, el ganado se hundió con ellos, y se acurrucaron juntos a la confusión del momento, muchos de los que habían tomado al agua para evitar las llamas se ahogaron. La gran mayoría estaban en el puente en llamas cuando cayó. Los restos de la ciudad ardiente fueron arrojados sobre las cabezas de los que estaban en el agua, matando a muchos otros y mutilando a otros tantos que se dieron por vencidos en la desesperación y se hundieron en una tumba de agua. ”


Los vientos super calientes y los tornados sacaron el aire hacia arriba, lo que permitió qu el aire frío de Canadá y el oeste de Estados Unidos se apresura a llenar el vacío. Al principio, estos vientos alimentaron con más oxígeno al fuego, hasta que finalmente la fuerza de aspiración era lo suficientemente fuerte como para causar un cambio importante en la dirección del viento. El fuego se elevó por sobre sí mismo, y pronto murió de hambre por falta de combustible. Tan sólo noventa minutos habían pasado desde la llegada del infierno, pero toda la ciudad de Peshtigo había sido reducida a escombros humeantes.


Al día siguiente, la tan necesaria lluvia había llegado, tomando los restos ennegrecidos de la ciudad en ruinas.


En las consecuencias de la catástrofe, la noticia de un gran fuego en el Medio Oeste fue salpicada en los titulares de todo el país. Lamentablemente, ninguna de las historias en cuestión hablaba de Peshtigo: toda la atención se centró en uno de los asentamientos más grandes de la región, Chicago, que había sufrido su propio fuego terrible, el mismo día matando a cerca de 250 personas. Más de 1,200 almas habían perecido en el incendio de Peshtigo, aunque la cifra real no se conocerá nunca debido a que los registros de la ciudad quedaron destruidas en el incendio. El fuego destruyó todos los edificios de la ciudad, excepto un edificio de madera recién construido demasiado verde para quemarse. Más de 1.25 millones de acres de bosque y pradera se quemaron antes de que los vientos se calmaran y el fuego se apagara, causando millones de dólares en daños. Más de 350 víctimas del incendio fueron enterradas juntas en una fosa común, sus restos estaban demasiado carbonizados para ser identificados.


Los sobrevivientes hablaron de sus experiencias, a menudo recordando el terror del momento.

“Había sido una temporada muy seca, y recuerdo a mi madre diciéndonos varias veces del fuego durante unas dos semanas antes de que el sol se oscureciera, la ropa de la línea parecía tan gris, y una especie de sensación de presentimiento de que algo estaba a punto pasar se cernía sobre la ciudad. Ella dijo que el fuego llegó tan de repente que la única manera de describirlo es que los cielos se abrieron y llovió fuego. Creo que el hecho de que estuvieran en las afueras de la ciudad era lo único que los salvó … Mi padre ayudó a recoger los muertos y a hacer cajas rudimentarias ya que no habían suficientes ataúdes. Puso un máximo de cinco de una familia en un ataúd, eran sólo huesos. También encontraron a personas que no fueron quemados en absoluto, sólo se se sofocaron“.


Otro relato habla de las muertes horribles experimentadas por las víctimas.

“A estas alturas el aire estaba literalmente en llamas, esparciendo su agonía por todo el pueblo, hombres, mujeres y niños, vestidos con camisones y gorras, chillaban con horror al ver a sus seres queridos quemadose vivos. La ciudad entera era un infierno en llamas..; sólo había un escape, el río! Miles de personas … presas del terror en sus ojos, fueron más allá en el río, donde permanecieron el día y la noche siguientes. Las familias fueron separadas; pequeños niños trataron desesperadamente de obtener igualdad en el río sucio … pero el río no eran aún seguro, los escombros, chispas y trozos de fuego cayeron del cielo, eliminando en llamas a todos los cuerpos con un barrido inmediato”


La noticia de la tragedia en Wisconsin tomó días para llegar al público, siendo eclipsada por la del gran incendio de Chicago, a sólo 240 millas al sur. Sin suministros de socorro o ayuda de camino a la ciudad, el gobernador de Wisconsin emitió una proclamación especial para desviar la ayuda de Chicago a Peshtigo. Con alivio, y pronto, más de 150,000 dólares fueron destinados a reconstruir la ciudad.


El incendio fue atribuido oficialmente a las condiciones de sequía severa, pero nadie puede estar seguro de lo que provocó la destrucción. El año excepcionalmente seco había convertido efectivamente el campo, y gran parte de la ciudad, en una extensión gigante de leña. Los humedales de la zona se habían secado por completo, sin dejar humedad en la tierra. Esto proporcionó una condición perfecta para un fuego colosal.


Una teoría especula que un meteorito golpeó el campo cerca de la ciudad. Historiadores del tiempo, utilizando los registros y archivos, han ofrecido una teoría plausible para esto. Los meteoritos que caen en otoño son bastante comunes en la región superior de los Grandes Lagos, en ocasiones provocando incendios en los campos de secano y zonas boscosas. En los últimos años estas lluvias han dejado quemar trozos de meteorito esparcidos por toda la región, a veces lo suficientemente grandes como para romper a través de los techos de las casas. Con un clima tan seco cerca de Peshtigo, habría sido un lugar perfecto para un fuego que después se había fijado al suelo en llamas.


Aunque la verdadera causa del incendio no pueda ser conocida, lo cierto es que el 8 de octubre nunca será olvidado. Aunque el poblado de Peshtigo había sobrevivido al fuego, todavía lleva las cicatrices de uno de los incendios más terribles de la historia.



sábado, 18 de marzo de 2017

Algo paso en pabellón de la muerte de Pensilvania



Quien la cuenta es fue un ex prisionero que quiso permanecer en un anonimato, pero a este prisionero lo llamaremos “Joseph”. Tratando de ocultar su identidad.

Yo iba en la calles de San Francisco para tomar un café en una pequeño restaurante, cuando vi a un hombre el cual es Joseph, parecía un poco desvelado y desmejorado, era un hombre de 86 años. Yo me quede con la curiosidad de por qué estaba descuidado y pues por mi manera de tratar de ayudar a los demás le pregunte que tenia, y pues platicamos de cosas que no tenían ninguna importancia primero, y después Joseph susurro, y se sincero conmigo, me contó el motivo de porque lucia así. El me hablo de una anécdota muy perturbadora que vivió cuando era joven, el tenía como 23 años y era prisionero en lo que antes era una prisión a las afueras de Pensilvania en el año de 1954. Solo dice y titula a su anécdota “Algo paso en pabellón de la muerte de Pensilvania”


Joseph cometió fraudes lo cual su condena fue de 5 años en aquella prisión. El empezó a conocer la prisión, y empezó a ganar la confianza de algunos reclusos e inclusive guardias. Me contó que la vestimenta de él era la clásica ropa de prisionero con rayas negras horizontales, y aquella prisión, los prisioneros eran sometidos a trabajos de servicio social a la comunidad y trabajos forzados. Joseph me dijo que debido a factores por la salud, no podía cumplir dichos trabajos, inclusive me decía que se desmayaba cuando lo ponían en el sol con los demás reclusos picando piedras, así que los guardias que tomaron amistad con Joseph, convencieron al alcalde de la prisión para que el servicio de Joseph y debido a que era un excelente administrador fuera administrar los documentos de los reclusos, pero esos reclusos estaban administrados en una parte especial, era “El pabellón de la muerte”.

Joseph me conto, que él fue llevado al escritorio principal de aquel pabellón y el narra que ese pabellón era una parte un poco más oscura, con 11 celdas en las cuales había como 10 reclusos, 10 reclusos que esperaban su muerte, era 1954 y el instrumento de ejecución más popular que en aquellos tiempos en toda prisión de los Estados Unidos era más usado, era la Silla eléctrica. Joseph me conto que cuando administraba los documentos siempre tomaba como 5 minutos de descanso, y se ponía a platicar con los prisioneros que en una forma a veces paciente u otras veces desesperadas hablaban de con el de sus miedos o frustraciones, mientras ellos esperaba su muerte pacientemente. Pero Joseph nunca hablaba con un prisionero, que estaba en la última celda, a unos metros en frente del escritorio donde el administraba. Joseph le preguntaba a uno de los prisioneros llamado Ben, que por que estaba muy aislado de los demás, Ben le decía con una cara de disgusto, que aquel hombre de la última celda era un hombre enfermo y peligroso, un psicópata de verdad, que siempre estaba sentado sin hablar con nadie, era muy reservado, con pelo largo y negro que tapaba su rostro, como si ocultara algo. 


Ben le contó a Joseph y puso una cara de miedo con una mirada seria, que ese prisionero mataba con una ferocidad muy cruel, muy fría, que el solo estrangulaba y golpeaba a los demás con una fuerza que a veces parecía sobrehumana al grado que los huesos de sus víctimas se rompían como vidrios, ese hombre asesino a más de 34 personas y que fue difícil de atrapar ya que en sus víctimas se suman 16 policías que fueron masacrados, que la única manera para atraparlo fue con sedantes y policías especiales que le aplicaron dichas sustancias. Fue condenado a la silla eléctrica por ello. Ben le decía a Joseph que un día 5 policías se metieron para golpearlo, para vengar a sus compañeros caídos, pero todo se les voltio de una manera tan cruel y horrorosa ya que los policías sufrieron fracturas en los huesos uno inclusive perdió su mano, otro de ellos perdió los ojos debido a que ese psicópata le metió los dedos en los ojos y se los saco, otro sufrió una lesión craneoencefálica después de que ese psicópata agarro su cabeza y la golpeo contra la pared, y uno esos pobre 5 diablos no sobrevivió para contarlo ya que aquel hombre lo aventó fuerte contra las rejas de su celda, llegaron los demás guardias y lo sometieron con tranquilizantes y lo dejaron encerrado en esa celda hasta que se cumpla su fecha de ejecución, los demás prisioneros le tienen un pavor a ese hombre y por eso está en la última celda esperando su muerte. Ben le dijo a Joseph que los demás compañeros de celda lo denominan “el hombre sin rostro”, motivos su rostro es cubierto por su largo pelo, y desde que llego ningunos de los prisioneros le ha visto el rostro.


Joseph tomo un poco de valor e intento ser un poco reservado y va a su escritorio a terminar de administrar los documentos, pero él veía hacia el frente con una mirada de intriga hacia esa última celda, paso casi una hora y Joseph con un nivel de curiosidad tomo valor y se acerca a la ultima celda y exclama con una voz un poco nerviosa “Hola, como estas”, el tipo asiente con la cabeza y de la nada se para y corre hacia la celda sacando una mano y rasguñando a Joseph, Joseph caí al suelo y sacando un gemido se arrastra con los brazos hacia atrás, alejándose lo más posible de la ultima celda, y llegado a su escritorio mientras ben se levanta y le grita a un guardia. El guardia llega y le dice a ben y Joseph que paso, y pues ambos le contaron que paso el guardia se enojo, golpeo con la cachiporra la celda del psicópata y saco rápidamente a Joseph para que lo atendieran de esa herida.


Pasaron 2 meses y la fecha de la ejecución llego, Joseph volvió a pedir un favor a los guardias de que lo dejaran presenciar dicha ejecución, cosa que parecía una idea descabellada ya que eso no se permitía a los reclusos, pero logro convencerlos y pues presenció dicha ejecución.

En la sala de la muerte había mucha gente reclamando la cabeza del psicópata, parecía una locura y parecía inclusive que iba haber una revuelta porque era el odio que le tenía a ese recluso, decía aquel aciano en su anécdota.


Eran 14 guardias escoltando con cadenas de pies a cabeza un poco sedado y bien sostenido a aquel psicópata y lo pusieron en la silla, lo amarraron bien. Le pusieron una funda negra en la cara y le pusieron un enorme cable en la cabeza que estaba conectada a un generador de 2000 voltios. Llego el alcalde y hablo sobre las víctimas de ese hombre y dijo una frase típica en una ejecución, “que Dios se apiade de tu alma”. Aquel tipo simplemente se oían sus respiros, el alcalde dio la orden al guardia encargado del generador y se activo la silla, aquel prisionero gemía y jadeaba retorciéndose, contaba Joseph que se sentía la tensión por la gente que gritaba “sufre asesino sufre”. De la nada el juez ordena al guardia que apague el generador, que duro casi 6 minutos prendido para acabar con la vida de ese hombre, llega un doctor que se encarga de verificar la muerte de los prisioneros, sintiendo sus signos vitales, aquel doctor se sorprendió y se perturbo mucho al verificar los signos vitales de aquel hombre, el doctor le dice al alcalde que el hombre sigue vivo, como que si su alma se aferrara a su cuerpo con una fuerza de voluntad muy poderosa y el alcalde volvió a pedirle al guardia que activara la silla y ese hombre jadeaba y jadeaba, al grado que el generador se sobrecargo y se empezó a incendiar aquel asesino la gente se espanto y corría hacia la entrada como animales. Joseph contaba que una persona había muerto aplastada por la gente, los guardias intentaban controlar a todos, pero era difícil en esa marea de gente descontrolada, Joseph me dijo que se arrepentía de haber volteado hacia tras y ver a ese prisionero como se retorcía y se quemaba y que jamás olvidaría ese olor a piel quemada, que era incluso similar al olor a chicharrón de puerco que emanaba ese cuerpo quemado y que la cabeza de ese hombre estaba quemándose como una fogata, con unos ojos rojos ardiendo como el infierno mismo.


Pasaron días según decía el anciano y el ambiente en el pabellón de la muerte ya era el doble de tenso, los prisioneros estaban aun perturbados por lo que escucharon que le paso a ese hombre, debido a lo que paso los prisionero tuvieron la dicha de seguir en este mundo un poco mas ya que se descompuso esa silla eléctrica.

Pasaron dos meses y medio después de eso y llego un nuevo prisionero a ocupar la celda de aquel psicópata ya muerto. Joseph hablo con él y esa persona a pesar de tener un aspecto rudo pero amable, de nombre Charles, hombre que asesino a un yanqui por que fue sorprendido robando producto de cultivo, sostuvo una plática excelente con Joseph al igual con sus otros compañero de celda, cual fue la sorpresa para todos que en la noche iba a ser la última noche de vida de charles, en medio de la oscuridad de las celdas se oían gritos era charles como si lo estuviera siendo torturando de una manera cruel eran gritos y jadeos e inclusive estaba llorando de un dolor increíble, los demás prisioneros gritaron y llegaron los guardias, a calmar a los prisioneros de pronto un guardia vea una hilera de sangre corriendo por el suelo y aluza rápido a la ultima celda y de ahí los guardias vieron algo horrible, algo completamente inhumano y macabro, algo que Joseph cree que los guardias jamás olvidaran por el resto de su vidas, ellos aluzaron completamente la celda y vieron el cuerpo masacrado de charles completamente destrozado con los huesos saliendo de la piel y la carne casi rotos, los ojos como si le hubieran metido los dedos para sacárselos la celda embarrada de sangre con la quijada zafada. Uno de los guardias corrió el otro vomito y se puso a llorar y rápidamente notificaron al alcalde el cual obligo a toda la prisión a tanto guardias como prisioneros a saber quien fue el causante de esta masacre.


Parecía una idea descabellada del alcalde pero pues alguien tenía que ser el culpable de la muerte de ese pobre hombre, era imposible que algún prisionero fuera porque, todos estaban encerrados, los guardias tampoco, charles no tenía problemas con nadie. Así que este asesinato se reporto como un suicidio, cosa que parecía completamente estúpida y descabella decía el anciano.

Paso una semana, y llego otro nuevo recluso a ocupar aquella celda, aquel pabellón lucia tétrico, Joseph conoció aquel otro nuevo prisionero llamado Michael y pues volvió a formar una nueva amistad al igual que los otros prisioneros pero por azares del destino la desgracia cayó de nuevo era las 12 de la noche y de nuevo se escucharon gritos horribles. Los guardias corrieron hacia el pabellón y los prisioneros se asustaron, Joseph fue corriendo hacia el pabellón con un guardia que lo acompañaba (porque Joseph solicito permiso para ir al baño que por causas naturales era acompañado por un guardia para ir al baño, ya que en esos tiempos según el viejo Joseph decía que no había baños en todas las celdas, se pedía permiso para ser acompañado por un guardia para ir al baño). Como dijo Joseph, él y el guardia corrieron al pabellón al igual que todos se impactaron al ver lo más tenebroso, lo más horrible, lo mas macabro que excedía sus pesadillas más horribles, Joseph dice que este evento fantasmal mórbido, estará siempre en su memoria. El, los prisioneros, los guardias, incluso el alcalde que fue haber que pasaba vieron como el cuerpo de Michael estaba flotando como si alguien los sostuviera, como se movía de un lado para otro golpeandose contra las paredes, como se oían el tronido de los huesos de Michael, como los ojos de ese pobre hombre explotaban enfrente de todos y como se manchaba toda la celda de sangre, incluso gotas embarra los rostros de algunos guardias incluso de Joseph, el anciano me dijo que cuando el cadáver de Michael estaba ya tirado todos notaron un olor pútrido como a chicharrón quemado, Joseph y todos en esa prisión se sintieron con mucho miedo y pues después de la masacre todos teorizaban algo, el alma de ese psicópata que nunca hablaba, de ese hombre loco estaba en esa celda y seguía asesinando a quien invadiera su celda, que ya era un suceso paranormal donde su esencia seguía ahí atormentando a todos, Joseph me dijo que jamás olvidara que esa celda desde ese entonces se prohibió su uso, y que a partir de los 1980 esa prisión fue abandonada completamente por algunos asesinatos sin explicación y según suicidios que pasaron, junto con sucesos que no tienen explicación y que esa prisión a las afueras de Pensilvania sigue abandonado, que mucha gente van y sienten un clima muy denso en ese lugar abandonado. Joseph salió a los 3 años por buena conducta pero el me dijo que nunca olvidara todo esto, que esta anécdota que vivió en esa prisión nunca podrá superarla y que esa imagen de Michael sufriendo lo atormenta desde esa noche, el ya no puede dormir bien y es por eso que su salud esta descuidada y muy deteriorada.


El solo me dice, y lo dice con mucho miedo que su anécdota la llama de una manera muy humilde pero un poco larga: Algo paso en pabellón de la muerte de Pensilvania

miércoles, 15 de marzo de 2017

El Cañón del Río Lobos



Si tuviéramos que elegir un lugar que resumiese todo los enigmas que rodean a la leyenda de los templarios, este sería sin duda el cañón del río Lobos. Ningún otro es capaz de proporcionar al visitante esa sensación de soledad y de retiro como la ermita de San Bartolomé, ubicada en el paraje más pintoresco del barranco, un lugar idóneo para la meditación y la comprensión de los misterios esotéricos de una orden, que se trajo de Tierra Santa algo más que unas cuantas reliquias.


Los Templarios y la ermita de San Bartolomé:

A los dos-tres kilómetros de nuestro inicio, llegamos a un ensanchamiento del cañón donde se encuentra la ermita de San Bartolomé, el destino de la mayoría de excursionistas, junto a la gigantesca boca de la entrada a la cueva grande. La ermita es un bello ejemplar del románico del siglo XIII, y aunque normalmente permanece cerrada al pública, vale la pena admirar algunos de sus enigmáticos canecillos y relieves: barriles de vino, caras, lobos, cruces patadas.... Un bello repertorio iconográfico, cuya más bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que al parecer, presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón, y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial y con la orden de los caballeros Templarios. 


Sobre San Bartolomé se ha hablado demasiado, en demasiados ámbitos; se ha dicho que se encuentra casi a la misma distancia de los cabos de Creus y de Finisterre, que una de sus ventanas está orientada a la constelación de Sagitario la noche de San Juan y que un rayo de luna ilumina esa misma noche una losa con un extraño símbolo en el suelo. Elementos todos sugerentes, propicios a dejar volar la imaginación y a relacionarlos con la mítica Orden, pero que no arrojan luz sobre el verdadero misterio de la ermita, que no es otro que las razones de su ubicación.


Sin duda este misterio no puede comprenderse sin la cueva que se abre en la misma pared de enfrente, y en la que muy probablemente, se celebraban rituales de caracter pagano desde tiempos prehistóricos. Penetrar en su interior es altamente recomendable y asequible, pues la cueva no tiene más de 250 metros de profundidad, en la que nunca nos abandona la luz natural; su encanto reside más en la perspectiva que de la iglesia se tiene desde ella, que en sus propias formaciones geológicas. No deja de ser curioso que muchas de las ermitas e iglesias medievales fueran levantadas en las proximidades de cuevas y simas, de entradas a un mundo subterráneo que sin duda serían objetos de elevación espiritual, recuerdos lejanos de un culto trasunto de la madre tierra, la mítica Gea, Hera griega o la Astarté fenicia. 


En cualquier caso, resulta complicado cúal podía ser el interés de una orden de caballeros y monjes por una religión que, según la historia oficial, debía llevar siglos sepultada bajo tierra en la Península. Desde esta penumbra, mirando a través de la boca de la cueva, podemos imaginar el escaso conocimiento que tenemos de una época histórica oscura y enigmática, de la que seguimos desconociendo algunas de sus fascinantes notas, pero que nos arrastra y nos seduce de forma intensa e indefectible.



lunes, 13 de marzo de 2017

El Asesino del Zodíaco



La década de los años 60 en los Estados Unidos de América estuvo marcada por un peligroso asesino en serie simplemente conocido como “Zodiac”, quien enviaba misivas anunciando sus crímenes.


Algunas personas piensan que esto se volvió una leyenda de terror en el momento en el que en los periódicos comenzaron a aparecer noticias de homicidios que llevaban su “firma”. No obstante, la policía sólo aceptó que siete de los casos estaban directamente relacionados con el asesino del Zodíaco.

Es imposible sacar características en común de las siete víctimas que se vinculan con el Asesino del zodíaco, ya que los rangos de edad son muy dispares (de 16 años hasta 29 años).


Tampoco atacaba a un género en particular, como ocurre con la mayoría de los asesinos en serie, sino que “Zodiac” mató a cuatro hombres y tres mujeres en un periodo aproximado de 10 meses.

Sin embargo, una constante que alertó a los cuerpos policiales fue que cinco de estos crímenes se convirtieron en municipios californianos (destacando San Francisco).


Tres días después de la Navidad de 1968, una residente de apellido Borges halló a dos adolescentes asesinados en un camino de tierra. Ambos habían recibido disparos, sólo que la chica en la espalda y su novio en la cabeza.

Indagaciones posteriores al crimen revelaron que varios testigos vieron a la pareja conversando con un automovilista, pero no notaron nada fuera de lo común.


La siguiente vez que se supo del Asesino del Zodíaco fue paradójicamente el 4 de julio de 1969. En esta ocasión un coche se acercó al estacionamiento del campo de golf Blue Rock Springs y el conductor les disparó a una pareja que venía caminando.

El hombre pudo sobrevivir al ataque de arma de fuego, pero por desgracia su acompañante falleció al llegar al hospital.


Alrededor de las 12:45 de la madrugada del 5 de julio, el departamento de policía del condado de Vallejo recibió una llamada telefónica de un sujeto que afirmaba ser el homicida de Blue Rock Springs.

Dicha comunicación fue rastreada por las autoridades, quienes ubicaron el origen de la llamada cerca de la casa de una de las víctimas.


Una cosa aterradora fue que 28 días después de ese suceso, tres diarios locales recibieron cartas que detallaban no solamente la munición usada en los ataques, sino la posición que adoptaron los cuerpos después de que se perpetrara el ataque.

Al final de la esquela se podía observar un círculo atravesado por una cruz. Además, el sobre contenía un mensaje cifrado en código. Poco después se supo que cada periódico había recibido un tercio de ese comunicado. Durante los dos meses siguientes, los crímenes del asesino del Zodíaco parecieron detenerse, ya que en ese lapso no hubo llamadas de alerta. Sin embargo, el 27 de septiembre otra pareja fue abatida en las orillas del lago Berryessa.


La diferencia sustancial con los crímenes anteriores fue que ahora el criminal utilizó un cuchillo afilado para apuñalar a sus víctimas en vez de una pistola 9 mm.

Un padre y su hijo que se encontraban pescando, lograron escuchar los alaridos de la pareja quienes pedían ayuda frenéticamente. Esto hizo que el hombre del bote alertara a los guardabosques.


Los gendarmes llegaron en minutos e intentaron auxiliar a los heridos. La chica quien increíblemente permanecía aún consciente, logró darles una clara descripción del sujeto que los había atacado.

La pareja fue subida a una ambulancia y conducida a una clínica cercana. Desafortunadamente, la joven entró en coma y murió 48 horas más tarde. En contraste, su novio logró sobrevivir esa macabra experiencia parecida a una de esas leyendas de terror que nos cuentan cuando estamos en época de Halloween.


Posteriormente a principios de octubre, un taxista de apellido Stine fue abordado por un sujeto extraño que le indicó que lo llevara hasta Presidio Heights. No bien el auto había aparcado, el pasajero desenfundó un arma de fuego y le disparó en la cabeza al conductor.

El asesino del zodíaco rasgó parte de la camisa de Stine y limpió las huellas dactilares que pudieran vincularlo. Al terminar se alejó tranquilamente del sitio como si nada hubiera pasado.

Tres días después del asesinato del taxista los periódicos locales recibieron una carta en donde “Zodiac” decía que atacaría una escuela de tiro. El ultimátum fue tomado en serio, ya que dentro del sobre se encontraba una porción de la camisa de Stine.


El 20 de diciembre de 1969, Melvin Belli un prestigioso abogado californiano, recibió una carta del asesino del zodíaco en donde éste, le pedía asesoría legal. Una vez más, las autoridades encontraron en el interior del sobre un trozo de tela de la camisa del conductor del taxi.

A inicios de la pasada década, los detectives encargados de resolver los casos de homicidio consumados por el asesino del Zodíaco enviaron material genético a laboratorios forenses, con el objetivo de encontrar un perfil y por ende al culpable.

No obstante, las muestras encontradas no fueron suficientes como para encarcelar a alguien. De hecho, en el año de 2004, el condado de San Francisco puso el expediente de “Zodiac” como inactivo, dado que ya habían transcurrido más de 35 años sin que se volviera a saber de él.


Tres años más tarde, el caso fue reabierto debido a las manifestaciones de los familiares de las víctimas, quienes aún hoy exigen justicia.

Quizás nunca lleguemos a saber la verdadera identidad del asesino del zodíaco. Existen personas que han tratado de sacar provecho del asunto. Por ejemplo, se sabe que hace dos años un expolicía sacó un libro en el cual supuestamente daba a conocer la identidad de este asesino serial.

Lamentablemente el texto tiene algunas inconsistencias, lo que hace pensar que solamente se trata de una leyenda de terror.


En caso de que desees entender un poco mejor la psicología del asesino del zodíaco, te recomiendo que veas la película titulada simplemente como “Zodiac” protagonizada por Mark Ruffallo, Robert Downey Jr y Jake Gyllenhaal del año 2007.