lunes, 14 de agosto de 2017

La Campana Susana



En el año 1810, Gerona, a pesar de su heroica resistencia, había caído en manos de los franceses. La mayor parte de la guarnición que quedó vigilando a la población civil, se sentía muy insegura. Los gerundenses no permitían que les fuera fácil la vida y hacían todo lo posible por zafarse del invasor, acosándoles de mil maneras.

Una noche, los ánimos estaban particularmente encendidos en el cuartel de los franceses, a causa de una escaramuza de los catalanes que les había causado grandes pérdidas. Unos cuantos de entre ellos, decidieron que estaría bien dar un escarmiento a la población, saliendo esa misma noche, con todo sigilo y penetrando en las casas, matar a cuantas personas pudieran sin reparar en su condición. Seguramente, esa acción enseñaría a los gerundenses quién estaba al mando en su ciudad y les quitaría las ganas de seguir combatiendo.

Y tal como lo habían pensado, cogieron sus armas y salieron a la calle con la furia en el alma.

Las calles de la ciudad estaban sumidas en el silencio y la oscuridad. Nadie les había visto. Nadie más que ellos sabía lo que se proponían hacer. Nadie podría salvar a las personas que se habían propuesto matar.

Estaban ya preparados en las puertas de las primeras casas en que pensaban entrar cuando, de pronto, una de las campanas de la catedral empezó a tocar a rebato. Su sonido era más fuerte que nunca y parecía rebotar en todas las paredes de las casas y ampliarse infinitamente hasta llegar al último rincón de la ciudad.

Todas las ventanas se llenaron de luces, todo el mundo se preguntaba que pasaba. Los gerundenses salieron a las calles, miraban al campanario y, asombrados, gritaban: "¡ Es la Susana, es la Susana...!"-, que tal era el nombre que recibía aquella campana.

Cuando el párroco subió al campanario, vio que la campana se balanceaba sola, impelida por una fuerza infinitamente más poderosa que la de cualquier ser humano.

Nadie dudó de que aquel hecho extraordinario, había salvado a la ciudad de un terrible peligro, pero sólo se supo cual había sido, cuando uno de los soldados, conmovido por los sucesos de aquella noche, contó lo que se había tramado contra la población en el acuartelamiento de los franceses.



miércoles, 9 de agosto de 2017

La bruja baba yaga



Baba Yaga habita los fríos bosques de Rusia y sobrevive devorando niños. Sin embargo la existencia de la bruja no es sólo para aterrorizar a los humanos, tiene la obligación de proteger la frontera entre el mundo mortal y el espiritual.

La ogra del bosque

La bruja Baba Yaga, una popular leyenda del antiguo folclore eslavo, propio de la narrativa skazki. La leyenda habla de una extraña mujer que habita los fríos bosques de Rusia y sobrevive devorando niños. 

Sin embargo la existencia de la bruja no es sólo para aterrorizar a los humanos, tiene la obligación de proteger la frontera entre el mundo mortal y el espiritual. Además de su crueldad también se conoce un lado positivo que depende de cómo su adversario o héroe negocie con ella.

Naturaleza de la leyenda

En un principio Baba Yaga estaba relacionada con la canción del coco: “Duerme tesoro, que viene el coco y se come a los niños que duermen poco”. Su presencia en canciones y cuentos de monstruos que se llevan a niños maleducados servía para que, por medio del miedo, los pequeños obedezcan a sus padres. La naturaleza siniestra de Baba Yaga pertenece a la brujería, y su labor también consiste en transmitir sus conocimientos de brujería a las mujeres. Estos “poderes”, eran transmitidos de madre a hija, de ellos se conocen las propiedades de las plantas para hacer pociones, y que en la antigüedad servían para curar, matar, enamorar, y como anticonceptivo.

La apariencia de Baba Yaga varía dependiendo de cada relato, pero en la mayoría de ellos no es muy agraciada y la describen como una anciana alta, huesuda, arrugada y fea, que tiene la nariz aguileña de color azul. Sus pechos son de piedra al igual que su afilada dentadura. Sus dientes son capaces de roer la madera. A menudo es denominada “la de las patas huesudas” o “Baba Yaga pierna huesuda”. Su enmarañado cabello gris parece flotar, dándole siempre un macabro aspecto a su alargado rostro. Se rumoreo que la relación entre la bruja y la serpiente se debe a que Baba Yaga tiene solo una pierna.

Cuando Baba Yaga aparece, su presencia es anticipada por los chasquidos de madera seca que los árboles hacen, seguido de un viento tempestuoso que la impulsa a salir del bosque como un torbellino malvado. La naturaleza ayuda a la bruja a emboscar a su presa, ya sea el héroe del cuento o los entrometidos niños que se perdieron en su territorio. Una vez que Baba Yaga aparece, ella procede a atacar a sus víctimas golpeándolas con sus pechos de piedra y mordiéndolas como un animal salvaje. Resulta imposible escapar de la bruja debido a su excelente olfato, el mismo que le permite rastrear a sus víctimas, dicen las leyendas que huele el miedo de sus presas.

Baba Yaga en la historia

De acuerdo a los textos antiguos de las leyendas rusas, Baba Yaga era una ancestral diosa de la tierra eslava, antes de que las deidades rusas ascendieran al poder. Sin embargo en otras mitologías es buscada por su sabiduría, por ser protectora de las “Aguas de la vida y de la muerte”, líquido con el que se pueden curar heridas y devolver la vida. Baba Yaga es también responsable de los ciclos de la naturaleza, los cuales son guiados por tres jinetes en armadura que controlan el tiempo. Los colores que usan son: blanco, rojo y negro, los que representan el amanecer; el día y la noche. La bruja está pendiente de ellos y en ocasiones los sigue montada en una especie de cubo, y rema el aire usando una escoba.

El nombre de la bruja connota su naturaleza y labor en el mundo, el que está compuesto por dos elementos. El primero “Baba” se traduce como abuela o anciana en muchas de las variaciones eslovacas. Mientras “Yaga”, es un diminutivo femenino para el nombre Jadwiga. “Yaga” también se deriva del antiguo verbo ruso: “Yagat”, que significa abusar o encontrar faltas.

Baba Yaga es una anciana soltera, pero en otros relatos rusos, ella está acompañada de su hija Marinka. También existen rumores de que es la abuela del Diablo, ésto sugiere que tuvo varios hijos, hasta 41 de acuerdo a muchas leyendas.

El misterio de su hogar

La casa de Baba Yaga está escondida en lo profundo del bosque del Este de Rusia, vivienda de madera conocida como izbushka. Ubicada en el límite del mundo de los mortales y de los espíritus, por ende la bruja es la protectora de la frontera entre los dos mundos. Su hogar no es como cualquiera, debido a que es sostenido por dos grandes patas de gallina, construcción que se mueve por voluntad propia. En algunas descripciones no tiene ventanas y en otras fábulas sí, también está adornada con los cráneos de infantes en los cuales pone velas dentro para iluminarla. La puerta de entrada normalmente está escondida y no se abrirá a menos que la frase mágica sea dicha: “Izbushka, izbushka, da la espalda al bosque y el frente hacia mí”. En castellano la oración se puede repetir como: “Casita, casita, da la espalda al bosque y gira hacia mí”.

La vivienda está protegida por un sortilegio cuyo efecto hace variar su tamaño. En algunas ocasiones es más pequeña que un ataúd, es por eso que a veces se ve a Baba Yaga totalmente constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada en la ventana y las piernas encogidas. Pero en otros relatos la vivienda es mucho más grande, y rodeada de una cerca hecha de huesos, decorada con calaveras, cuya puerta está enmarcada con huesos de piernas y su cerradura es una boca con dientes afilados. El interior de la choza está atiborrado de carnes y vino, también está protegido por sirvientes invisibles que con manos espectrales atienden a la bruja. Esto sugiere que la casa tiene la capacidad de preservar la comida. En los cuentos de la bruja, ella usa la chimenea de su izbushka para salir por los aires y proteger su guarida.

De acuerdo a las leyendas la izbushka de Baba Yaga protege la entrada de un mundo subterráneo, y es en este lugar donde el poder de la bruja es invencible, y hasta los animales le obedecen. Aquí es donde Baba Yaga crea pociones mágicas y objetos místicos, como por ejemplo el garrote que convierte todo lo que golpea en piedra, o el guslis, un instrumento de cuerdas que se toca solo en la vivienda. Finalmente están sus medios de transporte mágicos, como lo son alfombras voladoras y el mortero que monta, para merodear por el bosque en busca de nuevas víctimas.

Fabulas y magia

En muchos cuentos de la bruja Baba Yaga, se revelan sus habilidades. Ella es una anciana horrorosa y malévola, que vive en lo profundo del bosque sin las comodidades del mundo moderno. Sin embargo la bruja ha podido resolver el dilema de la juventud que las mujeres envidian, el secreto para convertirse de vieja a joven en segundos, sortilegio que usa para engañar al héroe de los cuentos y así poder matarlo.

Entre sus hechizos, la bruja también tiene respuestas para cualquier duda, algunos relatos sugieren que puede responder la razón de la existencia del ser humano. Sin embargo cada pregunta que ella acepta la envejece un año, por ello la bruja no está dispuesta a responder siempre y para pedir su consejo hay que ir preparado con el espíritu limpio, aunque hay rumores que hablan de un té de rosas azules que niega los efectos de envejecimiento de cada pregunta.

Las fabulas se han encargado de describir la naturaleza de Baba Yaga, quien gusta de comer niños pequeños, pero no por ello está en contra de alimentarse de adultos que husmeen en su territorio. En algunos cuentos, cuando la bruja ya ha capturado al héroe, éste engaña a las hijas de Baba Yaga para que entren primero al horno y por ende la anciana ermitaña termina comiéndose a sus hijas y no al héroe. También hay cuentos que hablan de los sirvientes de Baba Yaga, quienes se encargan de someter a las víctimas para después prepararlas en el horno. Es en este relato que la víctima se disfraza con la ropa de las hijas de la bruja y por ende los sirvientes cocinan a las hijas. Estas narraciones sugieren que Baba Yaga no está tan pendiente de sus víctimas, por lo que ha sido engañada en muchas ocasiones y el héroe ha vivido para contar su aventura.





domingo, 6 de agosto de 2017

La Leyenda de Garxot i Miquelot



Hacia el año 1100 de la era cristiana, había en el pueblo de Orreaga, en el reino de Navarra, un famoso koblari (trobador), cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles.

A Gartxot, pues ese era su nombre, le encantaba contar la batalla que había tenido lugar tres siglos antes sobre los puertos que dominaban su pueblo. Lo hacía con inspiración y orgullo, pues su pueblo, el pueblo vasco, había aplastado al gran ejército del emperador Carlomagno, tras un combate desesperado, heróico.

Gartxot tenía un hijo al que había llamado Mikelot, y que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su padre. Cuando aún era un niño, Mikelot ya cantaba con brío lo que le había enseñado Gartxot.

Pero en aquella época, la región de Gartxot y Mikelot estaba gobernada por unos monjes franceses de Sainte Foi de Conques, que poseían la abadía de Orreaga y las tierras de los alrededores. Un desgraciado día, el joven Mikelot estaba cantando cerca de Orreaga, y como de costumbre, había elejido contar la gran victoria de los Vascos sobre los Francos. El abad francés que dirigía el monasterio se le acercó, atraido por una voz tan pura. Pero al escuchar aquel relato en el que el Emperador Carlomagno había sido vencido por un pueblo de pastores, le invadió una ira espantosa. Atrapó brutalmente al niño y le preguntó dónde había ocurrido tan funesto acontecimiento. Mikelot no tuvo más que levantar la mano para indicarle la sucesión de puertos atravesaban el Pirineo por encima de ellos. Dominado por la furia, el abad decidió que la lengua de los Navarros, el vasco, sería proscrita en sus dominios, y que aquel lugar llevaría desde aquel momento un nombre francés. Eligió llamarlo "Roncevaux" (Roncesvalles). También se apoderó del pobre Mikelot, y lo encerró en la abadía.

Cuando Gartxot se enteró de la noticia, acudió rápidamente para reclamar a su hijo. Pero el abad no quería deshacerse de un niño que cantaba tan bien. Propuso a Gartxot que dejara a su hijo en la abadía, donde los monjes se ocuparían de su educación. En contrapartida, le prometió regalarle la cumbre de Elkorreta, una casa grande, y un rebaño de ovejas. Era una verdadera fortuna, pero el abad ponía una condición suplementaria: nunca más podría Gartxot pisar el suelo de Orreaga, ni acercarse a él. Despues de muchas dudas, Gartxot acabó por aceptar el mercado, seguramente empujado por la codicia, más que por la idea de ofrecer a su hijo un cómodo porvenir.

Así fue cómo el poeta consiguió la fortuna, pero perdió a su hijo. Mientras tanto, el abad se frotaba las manos, diciendose que nunca más ese niño cantaría las proezas de los Vascos en Orreaga, o mejor dicho, en Roncesvalles.

Los mon jes enseñaron al niño el latín y la lengua romana antepasada del fransés que utilizaban entre ellos. De la boca del hijo del poeta desaparecieron los versos cantados en la lengua más antigua que se pueda conocer. Las estrofas que antaño alababan el valor de los Vascos se tiñeron de desprecio, y ponderaron el mérito y la grandeza del Emperador Carlomagno y el heroísmo del caballero Roldán. Los montañeros y guerreros vascos fueron desterrados de la historia de la batalla de Roncesvalles, y sustituidos por miles de Sarracenos crueles.

Por su lado, Gartxot seguía encerrado en su cómoda casa de Elkorreta. Pero la soledad pronto le hizo comprender que los bienes materiales no son nada. Carcomido por los remordimientos,sufría horriblemente por la ausencia de su hijo.

Cuando se enteró de lo que los monjes estaban haciendo con Mikelot, no pudo resistirlo más y decidió romper su juramento. Juró, al contrario, que su hijo nunca más volvería a cantar las alabanzas del enemigo francés. Arriesgando la vida, bajó al valle, se acercó secretamente al monasterio, y consiguió liberar a Mikelot. Pero los sargentos fueron alertados y emprendieron una loca persecución a través del bosque. Agotados, Gartxot y Mikelot fueron cercados por los soldados franceses. Sabiendo que sería ejecutado, llorando de desesperación, Gartxot renovó su juramento. Despues de su muerte, su hijo no sería un instrumento de la propaganda francesa. Gritando él mismo de dolor, puso sus manos alrededor del cuello fragil de Mikelot, y apretó hasta estrangular a su hijo ante los ojos incrédulos de los sargentos.

Gartxot fue cargado de cadenas, y llevado ante la justicia de los Franceses. Lo condenaron a estar encerrado de por vida en el alto de Elkorreta, en una torre que se construyó para la ocasión.

Gartxot sobrevivió durante meses, pues los campesinos de la zona le traían regularmente víveres. Un perro que había sido el amigo de Mikelot a veces le traía algo de caza y le hacía compañia.

Pero el invierno fue duro aquel año, y la nieve impidió a los campesinos salvar las cuestas de Elkorreta para aportar su asistencia.
Mientras tanto, el abad de Roncesvalles fue trasladado, y se nombró a otro en su lugar. El nuevo jefe de la congregación decidió revisar el juicio contra el poeta. Le pareció que la sanción había sido demasiado dura, y que el prisionero había pagado lo suficiente por su culpa. El deseo de tener buenas relaciones con sus vecinos autóctonos era una buena razón para ello.

Una expedición desafió al invierno y a sus obstáculos de hielo y nieve para alcanzar la cumbre de Elkorreta. Pero todo fue en vano. En el mismo momento en que tiraban el tabique que encerraba a Gartxot en su torre prisión, el poeta daba su último suspiro, al lado del cadaver del perro que había sido de su hijo.

Hoy todavía, cuando en los meses de octubre y de noviembre sopla el viento del norte, cuando las palomas deciden abandonar el país, se puede oir un gemido tétrico que se parece extrañamente al de un hombre. Los montañeros navarros dicen que es el alma de Gartxot, que llora y pide perdón a su hijo.



miércoles, 2 de agosto de 2017

El doberman atragantado



La historia del doberman atragantado proviene de Australia. Una pareja que volvía a su hogar después de beber algunos tragos encontró a su perro asfixiándose en el medio de la sala. Al ver aquella situación, el hombre se desmayó de la impresión. 

En ese momento, la mujer decidió llevar a su mascota con un amigo veterinario. Después de dejar al animal, retornó al hogar para ayudar a su esposo e intentar subirlo a su cuarto.

Justo antes de hacerlo sonó el teléfono; cuando contestó, el especialista que atendía a su mascota le exigió que salieran de la propiedad cuanto antes. Inmediatamente después llegaron dos patrullas de policía y, ante el asombro de la pareja, los agentes les explicaron que fueron alertados por su amigo veterinario.

 El doberman se había atragantado con el dedo de un ser humano… Cuando los oficiales registraron la casa, encontraron a un ladrón inconsciente, sin un dedo, acostado en la cama del matrimonio. 

 ¿Será esto real?

viernes, 28 de julio de 2017

La maldición de Carmen Winstead



Finalizada la hora del almuerzo escolar, la maestra les comunicó a los alumnos que la junta directiva había planificado un simulacro de incendio en el que todos debían participar.

Poco después sonó la alarma y los alumnos salieron para reunirse en el patio. Era un día caluroso, con el cielo despejado y un sol que hacía arder la piel, llenando las frentes de los estudiantes con pequeñas gotas de sudor.

La maestra comenzó a leer la lista de nombres. Todos alzaban la mano y decían “presente” de forma mecánica, consumidos por el aburrimiento. Sin embargo, una chica de un grupo de cinco amigas se fijó en el hecho de que Carmen (una compañera de clase) estaba de pie junto a la alcantarilla, a la que le faltaba la tapa desde hacía semanas, y aún faltaba bastante para que la maestra leyera su nombre. Sus ojos brillaron. Carmen estaba entre las últimas de la larga lista organizada en orden alfabético: ¿qué pasaría cuando la llamen si caía en la alcantarilla? “¡Carmen está en la alcantarilla!”, podrían corear y entonces todos reirían a carcajadas y la pobre Carmen sería el hazme reír. Quién sabe, incluso podrían terminar por bautizarla como “La Chica de la Alcantarilla”. La oportunidad de romper el aburrimiento y hacer historia era perfecta, así que les comunicó discretamente la idea a sus cuatro amigas y todas empezaron a agolparse en torno a Carmen, fingiendo torpeza para empujarla y hacerla caer sin que aquello pareciese premeditado…

La maniobra fue perfecta, Carmen apenas emitió sonidos de queja mientras la hacían caer y, cuando dijeron su nombre, las cinco chicas empezaron a gritar: “¡Ella está en la alcantarilla¡ ¡Ella está en la alcantarilla!”.

Un mar de carcajadas se desató, pero las risas empezaron a silenciarse cuando la maestra se acercó a ver y, antes de que emitiera palabra alguna, se giró y miró a todos con una mueca impregnada de angustia y terror. La situación no inspiraba risa alguna: Carmen había caído de cabeza en el hueco y al aterrizar su cabeza se había torcido hacia un lado en una posición totalmente imposible, su cara casi sin piel después de haberse raspado contra las paredes de la alcantarilla en la caída y una mueca espantosa como si hubiera tratado de gritar y no hubiese tenido el tiempo suficiente. La sangre se dispersaba en un charco que se mezclaba con el excremento húmedo y maloliente que impregnaba todo su cuerpo.

Las cinco chicas se acercaron a ver. Una lágrima asomó tímidamente en la mejilla de la autora de la broma mientras sus ojos atónitos contemplaban como una gorda cucaracha yacía sobre lo que alguna vez fue el rostro de Carmen, moviendo sus antenas como para ver si todo estaba bien. Pero nada estaba bien, y ella y cada una de sus amigas se sintieron como uno de esos repulsivos insectos cuando la Policía vino y determinó que Carmen tenía el cuello roto y estaba muerta. Según dijeron, al caer Carmen se golpeó con las escaleras metálicas, de tal forma que perdió la cara y después se rompió el cuello al estrellarse contra el cemento.

Minutos después se llevaron el cadáver de Carmen, acompañado por una procesión de moscas cuyos zumbidos eran casi el único ruido en medio del fúnebre silencio. Ese día hubo un interrogatorio después de clases. Todos debían ir.

En el interrogatorio las cinco chicas dijeron que fue un accidente y que ellas fueron testigos. La Policía les creyó y el caso de Carmen Winstead se cerró, pero algo aún más siniestro había comenzado…

Meses después, compañeros de clase de la fallecida Carmen empezaron a recibir correos electrónicos que se titulaban “La empujaron” y afirmaban que a Carmen la habían empujado, que su muerte no era un accidente. También, los correos decían que los culpables debían asumir la responsabilidad del crimen, pues de lo contrario habría terribles consecuencias. La mayoría pensó que los correos eran una farsa elaborada por alguien que quería divertirse causando temor, pero otros no estaban tan seguros.

Transcurridos unos pocos días tras la cadena de correos, la chica que ideó el plan para ridiculizar a Carmen estaba bañándose cuando de pronto oyó una extraña risa. Cerró el grifo para oír mejor: la risa parecía venir del interior de la ducha. ¿Acaso se estaba volviendo loca? Aterrada, se secó rápidamente, se vistió, se despidió de su madre nerviosamente y se fue a dormir más temprano que de costumbre. Cinco horas después su madre se despertó al oír un portazo en la puerta de entrada. Su hija no estaba en la habitación ni en lugar alguno de la casa. Llamó a la Policía, pero los agentes poco podían hacer al respecto, ya que no se podía interponer una denuncia en personas desaparecidas hasta que transcurrieran 48 horas, aún así prometieron a la desconsolada madre patrullar las calles cercanas para buscar a su hija. La búsqueda de familiares y amigos tampoco tuvo éxito y la chica no apareció aquella noche.

La mañana siguiente mientras el conserje del colegio limpiaba las hojas secas del patio, se encontró que la tapa de la alcantarilla (que habían vuelto a colocar después de producirse la trágica muerte de Carmen) había sido levantada y apartada a un lado. Al asomarse descubrió algo realmente escalofriante. Parece que la chica desaparecida la había retirado antes de lanzarse de cabeza por el conducto y se encontraba en el fondo con el cuello roto y la cara destruida, borrada por los golpes que se había dado al caer y golpearse con las escaleras metálicas de las cloacas. Una muerte idéntica a la que sufrió Carmen.

El mismo destino les esperaba a las otras cuatro culpables de la muerte de Carmen. Tras la muerte de las dos primeras un equipo del ayuntamiento soldó la alcantarilla para que nadie más pudiera abrirla. Sin embargo eso no pareció impedir a la tercera víctima arrancarla del suelo, algo que requería una fuerza sobrehumana. Por supuesto esa fue la gota que colmó el vaso y se decidió colocar vigilancia las 24 horas del día en ese peligroso punto de encuentro para “suicidas”.

Las dos víctimas restantes murieron de la misma forma, pero el espíritu de Carmen en esta ocasión las guió hasta alcantarillas cercanas a sus domicilios, la vigilancia podría frustrar sus planes. Una por una cayeron en las alcantarillas, perdiendo el rostro y rompiéndose el cuello. Todas se habían quedado dormidas antes de su trágica muerte, en ese momento cuando se encontraban más vulnerables, Carmen aprovechaba para poseer sus cuerpos y guiarlas como si se tratara de un caso de sonambulismo hacia un muerte tan cruel como la que ella había sufrido. Un destino cruel porque podían sentir todo lo que ocurría pero no tenían control sobre su cuerpo.

Pero la cadena de muertes no se detuvo ahí, ya que posteriormente otros compañeros de clase de Carmen también fueron encontrados muertos en distintas alcantarillas, con el cuello roto y el rostro anulado. Ellos y ellas también se habían dormido antes de aparecer muertos…

Resultaba muy inquietante pensar que todos esos otros compañeros muertos no habían creído en los correos electrónicos que afirmaban que Carmen fue empujada. ¿Acaso el espíritu de Carmen se estaba vengando? ¿Podría eso explicar muertes tan extrañas en las que no se entendía cómo diablos los cuerpos habían ido a parar a la alcantarilla sin que nadie advirtiese con claridad el rumbo que las víctimas tomaban antes de ser asesinadas? El espíritu de Carmen Winstead andaba suelto y, quien no creyese que ella fue empujada, corría el riesgo de ser castigado con una muerte semejante a la de Carmen, muerte que caería sobre él o ella durante las horas de sueño, con un sigilo que solo se rompería al caer por la alcantarilla…

domingo, 23 de julio de 2017

Los siete niños de Écija



Es muy frecuente asociar la palabra bandolero con la idea de salteadores de caminos que hacían de las suyas en la zona de Sierra Morena y somos muchos a los que nos viene a la cabeza la imagen del mítico personaje de televisión Curro Jiménez, quien encarnaba todas las bondades, y evidentemente maldades, de estos populares forajidos.

Aunque el bandolerismo en España puede situar su origen hacia finales del siglo XIV, y éstos han campado a lo largo y ancho de toda la geografía española, bien es sabido que la época de mayor esplendor y actividad de esas bandas rurales se encuentra durante las dos primeras décadas del siglo XIX, siendo el principal de sus objetivos los intereses franceses en Andalucía durante el periodo de la España napoleónica.

Pero en un principio muchos de ellos no eran simples asalta caminos, sino que la mayoría pertenecían a guerrillas patrióticas que luchaban contra los galos, con la intención de expulsarlos del país. Una vez finalizada la Guerra de la Independencia, y restaurada la monarquía absolutista de Fernando VII, un gran número de integrantes de esas cuadrillas quedaron proscritos y perseguidos por la ley, convirtiéndose en temidos bandoleros que, entonces sí, se centraron en robar y asaltar a todo aquel que transitaba por los montes y caminos.

Una de las bandas más famosas fue la bautizada como ‘los siete niños de Écija’ y la peculiaridad que tenían estos bandoleros es que no se trataba en realidad de niños, como es de suponer, aunque sí que la mayoría de los integrantes se unieron a esta cuadrilla siendo relativamente jóvenes.

Se movían por los alrededores de la población de Écija y durante sus años de actividad llegaron a controlar por completo todo el tránsito de la carretera principal que unía Sevilla con Córdoba.

A la hora de asaltar o atacar un objetivo siempre lo hacían siete miembros de la banda, aunque en realidad el grupo estaba compuesto por muchos más integrantes. Cada vez que alguno de ellos era detenido, herido o moría, otro bandolero lo suplía, por lo que siempre había siete componentes.

No todos los integrantes eran antiguos miembros de las guerrillas patrióticas, sino que la banda era una amalgama de personajes cuyos orígenes y motivos por los que estaban allí eran muy diversos, aunque la mayoría terminaban uniéndose tras haber cometido algún delito de sangre.

Uno de sus componentes más conocidos fue José Ulloa ‘Tragabuches’, un famoso torero en su época que tuvo que refugiarse en los montes al huir de las autoridades tras asesinar a su compañera sentimental y al amante de esta.

Otro peculiar bandolero fue Fray Antonio de Legama, un sacerdote que se unió a la guerrilla contra los franceses y que tras la marcha decidió continuar su vida como forajido, convirtiéndose en uno de sus miembros más activos.

La nobleza también tuvo un destacado representante entre los bandoleros: Francisco Huertas, miembro de una aristocrática familia que decidió echarse al monte y unirse a una partida de forajidos. Algunas fuentes señalan que, a pesar de haber nacido en Écija, Francisco Huertas no perteneció a la banda de los siete niños. Una peculiaridad sobre este ‘noble’ bandolero es que, tras ser ejecutado, a su entierro acudieron los más insignes hombres e importantes autoridades de la época.

Múltiples son las crónicas que hablan de un personaje llamado ‘Juan Palomo’ y que lo sitúan como uno de los cabecillas de la temida cuadrilla de bandoleros ‘los siete niños de Écija’. Alrededor del mismo han nacido docenas de leyendas e historias orales, por lo que no se sabe a ciencia cierta qué cosas son verdad y cuáles forman parte del mito en todo lo que tiene relación con él. Entre lo mucho que se ha escrito, hay quien asegura que la famosa expresión ‘Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como’ nació a raíz de este bandolero y de su particular egoísmo a la hora de querer repartir parte de los botines.

Todo parece indicar que el final de los siete niños de Écija como cuadrilla de bandoleros se produjo en el año 1818, en el que tras una importante abatida pudieron dar con casi todos los miembros, fueron juzgados y los ajusticiaron (la mayoría murieron en el garrote vil). Tras el duro golpe al núcleo central de la banda, el resto de componentes que pudieron salvar sus vidas huyeron hacia otros puntos y continuaron sus actividades en otras cuadrillas, quedando disuelta definitivamente la de ‘los siete niños de Écija’.

Muchísimo se ha escrito sobre estos peculiares personajes que se hicieron inmensamente famosos en la cultura popular. Múltiples son las coplillas que se cantaban en las que se relataban las aventuras de los siete niños de Écija, entre ellas una famosa canción ‘Coplas de los siete niños’ que popularizó Concha Piquer y que años más tardes se hizo todavía más famosa en la versión de Encarnita Polo y su ‘Paco, Paco, Paco’.



miércoles, 19 de julio de 2017

Leyenda de el Conde Arnau



De la poza conocida como el Gorg dels Banyuts cuentan que cada noche, entre las diez y las doce, sale del infierno el fantasma del conde Arnau. A lomos de su caballo negro, rodeado de fuego y acompañado de una jauría infernal, se lanza a una cacería nocturna por las tierras de Gombrén, Ripoll, Montgrony y Mataplana, en la comarca del Ripollés (Gerona). El canto de un gallo negro en la roca escarpada llamada Crest del Gall avisa al diabólico conde de que su peculiar recreo acaba y debe regresar al averno. «Solo le perdonaron dos horas al día», apunta Pau Ortiz, guía de la asociación de educación ambiental Alt-Ter, que muestra a los visitantes los parajes vinculados a la leyenda del conde Arnau.

Este mítico señor feudal, cuya ambición y lujuria no tenía límite, dominó aquellas tierras con puño de hierro. «Saqueaba pueblos y castillos, esquilmaba a sus vasallos y a quienes se resistían los ahorcaba y dejaba colgados de las almenas de su castillo», además de perseguir a las campesinas más jóvenes y bellas, a las que llevaba a castillo de Blancafort «para que le sirvieran como esclavas y satisfacieran todos sus antojos», según el relato que recoge Luis Díaz Viana en «Leyendas Populares de España».

«Existió un Arnau de Mataplana, conde de Pallars, en el siglo XIV que coincide con el personaje legendario», explica Pau Ortiz. El conde Arnau real «parece ser que era muy mujeriego y abusaba del derecho de pernada» por el que podía acostarse con cualquier doncella de su feudo antes de que contrajera matrimonio con alguno de sus siervos. Como muchos de aquellos señores feudales del siglo XIV, practicó los Malos Usos que permitían el maltrato a sus vasallos, y debió de emplearse a fondo ya que aún se le recordaba doscientos años después, cuando su leyenda apareció como canción popular. Manuel Mila i Fontanals la recogió en sus Observaciones sobre la poesía popular en 1853.

«Todos aplicaron los malos usos, pero la gente tiende a abreviar, de forma que en el conde Arnau se identificó a todos los malos señores», considera Ortiz.

Al señor de Mataplana se le creía condenado a vagar eternamente por no pagar a sus vasallos por los 144 escalones tallados en la roca que llevan hasta la iglesia de San Pedro (Sant Pere) de Montgrony. «Probablemente fueron talladas en el siglo VIII o IX como acceso al castillo que construyeron allí los carolingios y del que solo queda hoy la iglesia», explica el guía de la zona. Con el tiempo, una vez desaparecido el castillo, la gente del lugar comenzó a relacionarlos con el conde Arnau ya que, comenta irónico Ortiz, «si tienes un diablo a mano, o un personaje así, la culpa seguro que es suya».

Sacrilegio

Su figura, evocada con rasgos diabólicos, se asoció con otro hecho que caló profundamente en la región. En el año 1017 fueron expulsadas las monjas del convento de San Juan de las Abadesas por orden del Papa debido a la supuesta vida díscola de la comunidad, aunque el motivo real fuera la ambición del conde de Besalú, Bernardo Tallaferro, por anexionarse las tierras controladas por la abadía. La carga que aparecía en la bula de Benedicto VI «las acusaba de ser "meretrices de Venus", es decir, prostitutas», apunta Ortiz.

Las historias del conde Arnau y la bula papal acabaron uniéndose en la más famosa de las leyendas del conde Arnau, pese al salto en el tiempo de tres siglos existente entre una y otra. Así fue cómo comenzó a decirse que desde la profunda sima de Forat de Sant Ou, otra puerta al infierno del conde Arnau, existía un túnel de 20 kilómetros que conectaba en línea recta con el convento de San Juan de las Abadesas, con salida en el pozo del claustro.

«La leyenda no hablaba en principio de ninguna abadesa, pero los poetas de la Renaixença añadieron más carne al asador señalando a la abadesa Adelaisa como la elegida por el conde Arnau», explica el guía de la ruta del conde Arnau.

Algunas versiones de la leyenda dicen que Adelaisa murió por los sufrimientos que le causaba la persecución del conde, otras que se convirtió en cierva hasta que Arnau le dio muerte, las hay que señalan que la monja cedió a las pretensiones del conde y ambos murieron en una cacería nocturna y otras, que Arnau la persiguió a caballo durante toda una noche hasta que los perros se revolvieron contra él, dándole muerte. Así explican por qué supuestamente se aparece a la caza.

Otros relatos apuntan a que cayó al infierno arrastrado por un diablo en el Gorg dels Banyuts y que fue condenado a su cacería nocturna por haber abandonado una misa en la iglesia de San Lorenzo (Sant Llorenç) de Campdevànol al oír los ladridos de sus perros de caza. Incluso se dice que no llegó a morir porque se había hecho con una espada que lo hacía invencible, así como con una bolsa de monedas que no se terminaba o un objeto mágico por el que las mujeres caían rendidas a sus pies...

Joan Maragall, que veraneaba en San Juan de las Abadesas, investigó durante una década esta leyenda y dibujó en su obra a un conde Arnau que finalmente se salva gracias a una inocente muchacha. Su poema en tres partes popularizó las historias de este mítico señor feudal del que también se ocuparon Jacint Verdaguer, Josep Romeu i Figueras o Josep Maria de Sagarra y que aparece en la tradición más erudita casi como un héroe nacional.

De diablo a héroe

Hay versiones que señalan al conde Arnau como uno de los Nueve Barones de la Fama que reconquistaron los territorios a los sarracenos, según esta leyenda propagada por las más importantes familias nobles para prestigiar sus alcurnias.

«Mientras los miembros de la tradición oral enfatizan los rasgos diabólicos de la personalidad en Arnau de Mataplana, la tradición escrita intenta justificar, en función de un contexto histórico concreto -el feudal- los rasgos despóticos del protagonista, viéndole no sólo como un déspota, sino también como un héroe nacionalista y libertador de su pueblo», explicó Joan Prat en 1994 y recoge Luis Díaz en su obra sobre las leyendas españolas.

El antropólogo del CSIC recuerda que «aunque en las sagas vikingas -por ejemplo- el cazador nocturno suele identificarse con el diablo, en algunas variaciones de la leyenda artúrica será el rey-héroe quien se convierta en cazador eterno». Y es que, concluye, «las leyendas de personajes como Arnau y Arturo hablan de un tiempo que, por remoto, admite la reconstrucción más mítica y fantástica de ciertas identidades».